Redondo vs Gentilli, la cumbre paralela

Dos outsiders de la corte madrileña, un buen chico de provincias, Iván Redondo (San Sebastián, 1981), y un curtido político latinoamericano, Pablo Gentilli (Buenos Aires, 1963), se encargan de la fontanería para sacar adelante nada más y nada menos que la investidura del presidente del Gobierno de España.

Durante cuatro de las cinco reuniones que han mantenido Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, sus dos jefes de gabinete también han negociado cara a cara en una sala anexa en la Moncloa y en el Congreso. Experimentados fontaneros de la política, ambos mantienen una relación cordial y aseguran empujar a sus jefes hacia el acuerdo. Tras cada fracaso, se escriben mensajes para intentar acercar posturas y emplazarse a seguir negociando. Extremadamente cuidadosos con las estrategias de sus jefes, ambos tratan de convencerse mutuamente de que la vía que señalan sus respectivos partidos es la mejor.

Redondo ha asesorado a dirigentes del PP en territorios tan complicados para la derecha como Cataluña, donde ayudó a Xavier García Albiol a ser alcalde de Badalona; Euskadi, donde asesoró a Antonio Basagoiti, o Extremadura, donde contribuyó a hacer presidente a José Antonio Monago, con el que colaboró estrechamente durante su Gobierno (2011-2015). Tras ganar las primarias a Susana Díaz, siguiendo algunos de sus consejos gratuitos, Sánchez lo fichó en Ferraz en septiembre de 2017. Su entrada en la planta noble de la sede socialista levantó recelos por parte de numerosos dirigentes mientras el equipo de Organización, liderado por José Luis Ábalos, hacía piña con él. Esa conexión personal contrasta con la rivalidad que le profesa la vicepresidenta, Carmen Calvo.

Redondo ha sido clave en el giro hacia el centro de Pedro Sánchez, en el triunfo de la moción de censura a Mariano Rajoy y en la convocatoria electoral que ha legitimado en las urnas un breve Gobierno socialista sustentado por Podemos, nacionalistas e independentistas. Su último reto es conseguir una investidura sin que Sánchez se convierta en rehén de Pablo Iglesias. A Redondo no le da ningún miedo repetir las elecciones, pero no busca ese escenario, por mucho que Podemos le acuse. Su meta es dinamitar la política de bloques en España y consolidar a Sánchez como referente del centro político -donde se ganan las batallas electorales- con la posibilidad de pactar a izquierdas y derechas, con Unidas Podemos, Ciudadanos y hasta el PP, durante esta legislatura.

Siguiendo ese guión, Sánchez pidió el martes a Iglesias una abstención en la investidura “por responsabilidad histórica” a la que Iglesias respondió anunciando que “decidirán los inscritos en Podemos”. No obstante, esa posibilidad no se ha incluido en la consulta que este viernes se ha convocado para pastorear a los militantes a que respalden la entrada de Iglesias en el Gobierno. ¿Debe haber un Ejecutivo sólo del PSOE o una coalición con Podemos?, plantean en la organización.

Licenciado en Humanidades y Comunicación por la Universidad de Deusto, Redondo se considera más un ingeniero que un fontanero, una especie de centrocampista que reparte juego. Es fan del ajedrez aleatorio y ha creado un enorme centro de poder en la Moncloa al servicio de los intereses de su jefe. Aunque su leyenda como asesor aúlico se acrecienta, Sánchez es quien toma las decisiones, a veces en desacuerdo con Redondo. Él prepara los posibles escenarios, las estrategias y las hojas de ruta a seguir, pero el presidente decide qué camino tomar.

“Transformamos la información en conocimiento”, explicó el asesor de Sánchez el martes en un acto de la Fundación Felipe González, donde explicó las claves de su método: “Medir, analizar y actuar”. “Tengo un principio en política: todo lo que no se mide de primeras no me interesa. La política es arte, es importante medirlo todo”, confesó. “Cada semana tenemos los temas de discusión de los ciudadanos a través de sus consultas a la Moncloa y los comparamos con otros campos: encuestas como el CIS y sondeos en redes sociales. Lo que nos escriben los ciudadanos coincide con las preocupaciones sociales, desde el cambio climático hasta el paro, pasando por la situación de Cataluña o los temas internacionales. Vemos lo que los ciudadanos piensan de nosotros. Por ejemplo, tras la investidura había una valoración muy alta del Gobierno que fue bajando con el tiempo y que volvió a subir cuando se acercaron las elecciones. Ahora tras ellas también ha crecido un poco”, relató,

En la presentación de la digitalización de la correspondencia de Felipe González, Redondo explicó cómo utiliza Moncloa la información que le llega a través de los emails, cartas y llamadas de los ciudadanos. “Encuentras esperanza y desesperanza en la dimensión social. Es una información interesantísima para tener conocimiento presidencial. El criterio presidencial no se conforma sólo con la opinión del gabinete, sino con la del gabinete, la de los ministros, la de otras personas y finalmente la del presidente”, desveló.

A Redondo se le atribuye una gran influencia sobre Sánchez, mucha más de la que se le reconoce a Gentilli sobre Iglesias. Aunque el ex asesor de Lula Da Silva y Dilma Rousseff ha recibido un aplauso general por templar al líder de Podemos durante la campaña electoral, la sólida personalidad política de Iglesias admite pocos ascendientes. La desintegración del núcleo fundacional de Podemos dejó al líder rodeado de dirigentes generacionalmente más jóvenes que él -compañeros de Irene Montero en Juventudes Comunistas- animándole a buscar consejo en un perfil más experimentado y alejado de las luchas internas por el poder.

Como le pasó a Redondo, Gentilli no fue buen recibido en la sede de Podemos. El temor a sentirse desplazado por parte de algunos dirigentes le hicieron ganarse enemigos internos con los que ha sabido lidiar, consolidando su posición tras éxitos como los debates televisivos en la campaña electoral. En el Congreso ya se ha convertido en una persona apreciada.

Gentilli aterrizó en España en enero procedente de Brasil con su mujer y cuatro hijas. Su primer objetivo fue combatir el auge de Vox para evitar la pesadilla de la izquierda brasileña por el triunfo de Jair Bolsonaro. La política española, tan presidencialista y bipartidista, todavía le sorprende, como le agrada el buen funcionamiento de servicios públicos como la sanidad, el transporte o la educación, mucho menos eficientes en Latinoamérica. Esa óptica le ofrece un nuevo punto de vista a Iglesias, que ha limado la radicalidad en sus críticas políticas y ha centrado su reclamación de ministerios en asuntos sociales, también tras la experiencia de sus hijos nacidos prematuramente. Como Gentilli, Iglesias está formando una familia numerosa con el embarazo de su tercer hijo, la primera niña.

Profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro y ex secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), Gentilli ha publicado varios libros sobre exclusión social en América Latina y sobre políticas de educación. El jefe de gabinete de Iglesias ha sido asesor de Gobiernos brasileños en materias como Educación, Memoria Histórica y Derechos Humanos antes de llevar la agenda de Lula Da Silva una vez que abandonó el cargo. También ha trabajado para otros gobiernos en Argentina y Colombia.

Admirador de Evita Perón, Gentilli concibe el trabajo de un jefe de gabinete como el del entrenador de un equipo deportivo. Obviamente tiene un poderoso vínculo con los colores del club y le es leal, pero su labor es la de un profesional, no la de un hincha. Eso le permite tener una mirada más distante y más objetiva a la hora de afrontar los desafíos a los que se enfrenta su jefe. Por ejemplo, los constantes golpes de efecto lanzados por el PSOE durante la negociación: desde el ‘Gobierno de cooperación’ hasta los ministros de perfil técnico, pasando por el resumen del programa electoral como base programática. El asesor de Iglesias no se deja llevar por esos fuegos de artificio convencido de que el tiempo, esta vez, juega a favor de Podemos.