PSOE y Podemos constatan su fracaso y se preparan para repetir las elecciones

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, este martes en Moncloa.

El pesimismo sobre la investidura se ha adueñado del PSOE. “Vamos a elecciones“, admiten un número cada día más numeroso de dirigentes socialistas. El fracaso de las negociaciones con Unidos Podemos ha derivado en un enfrentamiento que cada día sube un peldaño más y se vuelve por horas más cruento. Desmentidos mutuos, cruce de acusaciones, reproches y una desconfianza descomunal presiden las no-negociaciones desde hace semanas, como están radiando día a día Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en unas entrevistas que constituyen el primer paso en la construcción del “relato” de cara a los comicios. Los dos líderes intentan culparse mutuamente del bloqueo político y de la repetición electoral.

En Unidas Podemos tampoco son muy optimistas. Están convencidos de que Sánchez y su asesor Iván Redondo quieren repetir elecciones para mejorar resultados y zafarse de la garra de Iglesias. No obstante, confían en que en septiembre, in extremis, a los dirigentes socialistas empiecen a temblarles las piernas y se avengan a una coalición de gobierno. “Si no sería un suicidio”, advierten fuentes de la formación. Sobre el sentido de su voto la próxima semana, cuando se celebre el pleno de investidura, Unidas Podemos espera al resultado de la consulta convocada a sus bases, que finaliza este jueves. El PSOE considera esa maniobra como una “mascarada” destinada a legitimar la hoja de ruta de Iglesias para entrar en el Gobierno.

En ese contexto, los socialistas han empezado a empujar a Pablo Iglesias a la derecha para acusarle de impedir, por segunda vez desde 2016, la formación de un Gobierno de izquierdas. Pedro Sánchez y su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, no han dejado de advertir de que Unidas Podemos votará ‘no’ en la investidura junto al PP, Ciudadanos y Vox. Para hacer más evidente esa “pinza”, los socialistas están trabajando en privado para conseguir la abstención del resto de fuerzas minoritarias en el Congreso, desde Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) al Partido Nacionalista Vasco, pasando por Compromís o el Partido Regionalista Cántabro.

Su intención es empujar a Podemos hacia la abstención o comerse electoralmente a Iglesias acusándole de ser cómplice de las tres derechas. Sobre la posibilidad de que en septiembre se alcance un Gobierno de coalición, los socialistas son tajantes: ni Sánchez se presentará a otra investidura sin tener los apoyos garantizados ni la entrada de Iglesias en el Ejecutivo ayuda. Es más, la dirección del PSOE explica que nombrar ministro al líder de Podemos impediría la vía de la doble abstención patriótica por parte de PP y Ciudadanos a la que aspiran. Sánchez no quiere darle esa justificación de su ‘no’ a Pablo Casado y Albert Rivera.

Otras fuerzas parlamentarias como el PNV y especialmente ERC han mostrado sus recelos a la fórmula de coalición. No obstante, tras discretas conversaciones con los socialistas, ambos se abren a abstenerse e incluso votar a favor de la investidura de Sánchez. Gabriel Rufián ha asegurado la intención de los independentistas de “no bloquear” y ha llamado a la responsabilidad de Sánchez e Iglesias para evitar unas elecciones que -a su juicio- perjudicarían a la izquierda. El sentido del voto de sus quince diputados lo decidirá la Ejecutiva de su partido el viernes.

Por su parte, el portavoz del PNV, Aitor Esteban, se ha mostrado pesimista sobre la posibilidad de que el PSOE y Podemos puedan reconducir la negociación. “Lo negativo de todo esto es que es más que probable que no haya nada más allá de lo que aparece en los medios y se ha creado un clima complicado que hace muy difícil que se pueda reconducir”, afirmó Esteban este martes. Los nacionalistas vascos continúan debatiéndose entre votar a favor de Sánchez o abstenerse.