El independentismo se deshace en guerras internas a dos meses de una Diada caliente

La presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie.

La Asamblea Nacional Catalana ha convocado esta semana manifestaciones frente a las sedes de JxCat y ERC para protestar por la incapacidad de los dos grandes partidos independentistas para llegar a acuerdos en ayuntamientos de peso y, sobre todo, la Diputación de Barcelona. No es la primera vez que el independentismo más ortodoxo se manifiesta ante los partidos que forman el Govern. Pero la convocatoria de la ANC, la entidad con mayor capacidad de movilización en este entorno, coloca a los partidos en el centro de la diana en la que hasta ahora se había situado exclusivamente a los partidos constitucionalistas. Y todo ello, a dos meses de la Diada. El temor a convertirse en blanco de abucheos en la manifestación del Onze de Setembre se extiende entre los dirigentes de ambos partidos, por lo que eso comportará de pérdida de peso político y electoral.

Los CDR ocuparon el pasado verano la sede de ERC, y se manifestaron ante la de JxCat, para exigir al Govern que desobedeciera, es decir, que volviera a la vía unilateral emprendida en 2017, un llamamiento al que el ejecutivo de Quim Torra hizo caso omiso. El testigo, sin embargo, lo recogió la Asamblea, cuya presidenta, Elisenda Paluzie, ha sido muy crítica con la gestión post 155 del Govern. En los últimos meses, la ANC ha reiterado dos mensajes: el llamamiento a la unidad del indepedentismo y la exigencia de no renunciar a la vía unilateral.

Oficialmente, los dos partidos mayoritarios del independentismo han recogido el guante. Pero las candidaturas y los pactos poselectorales con los que han cerrado el reciente ciclo electoral de generales, locales y europeas muestran un independentismo más fragmentado que nunca. Y esta situación ha convertido a JxCat y ERC en blanco de la ANC. La gran incognita es ver, ahora, si los dos partidos serán capaces de revertir esta situación antes de la Diada del Onze de Setembre, catalizador anual del independentismo.

La ANC ya está calentando motores para la convocatoria anual, que este año consistirá en una concentración con la Plaza España de Barcelona como epicentro, una representación simbólica de las diferentes ramas del independentismo que confluyen en un mismo punto con la unidad como leitmotiv de la movilización de este año. Y si la unidad estratégica es el reclamo, con la sentencia del procés en el horizonte más cercano, muchos temen en ERC y JxCat que los manifestantes este año dejen de dirigir sus invectivas a Madrid para girar sus dedos acusadores hacia la plaza Sant Jaume.

Los manifestantes de la Diada pueden girar este año sus dedos acusadores de Madrid a la plaza Sant Jaume

Elisenda Paluzie ya lanzó un primer aviso durante las pasadas Navidades, cuando el secretariado de la ANC aprobó un documento de posicionamiento político muy crítico con el Govern, al que exigían “pasos decididos hacia la implementación de la república” con la amenaza de pedir dimisiones si no se cumplía esta exigencia.

De hecho, la dirección de la ANC había trabajado con un documento más duro aún, en el que se exigía la dimisión de Quim Torra por no haber sido capaz de avanzar hacia la independencia en sus seis primeros meses de mandato. Pero el secretariado de la organización optó por suavizar esa exigencia y dio un plazo de un mes al Govern para “presentar una estrategia única y nítida” hacia la república.

“Si continua la disparidad” advertía entonces la propia Paluzie, “no acompañaremos al Govern. Seremos críticos y exigentes con movilizaciones que irán en este sentido”. El ultimátum de la Assemblea no tuvo efecto, y meses después, la asamblea de la ANC aprobaba una hoja de ruta en la que se exigía la vuelta a la unilateralidad y la proclamación de la independencia si el independentismo alcanza el 50% de los votos en unas elecciones autonómicas, que muchos esperan ver convocadas entre otoño de 2019 y primavera de 2010.

Forcadell ya retó a Mas

No es la primera vez que la ANC intenta forzar el paso del gobierno catalán. De hecho, este ha sido su papel desde su creación en 2010, aunque las abiertas presiones de la entidad independentista sobre el ejecutivo catalán han tenido momentos de especial protagonismo. El más destacado, cuando la ex presidenta de la entidad, Carme Forcadell, arengaba a Artur Mas a “poner las urnas” para la celebración del referéndum del 9N.

Su “president, possi les urnes” resonó en la celebración de la Diada de 2014, a dos meses de la celebración de la primera consulta independentista celebrada por la Generalitat. Después de eso, Forcadell se convirtió en candidata de la lista unitaria pactada entre la Convergencia de Artur Mas y ERC. Una coalición electoral en la que fue determinante también la entidad soberanista. Meses antes, CDC había maniobrado en la ANC para colocar al frente de la entidad soberanista a Jordi Sánchez, un hombre de la confianza del entorno de Mas, en el que confiaron para que la entidad presionara a favor de la lista única independentista.