¿Un IPC para los pobres y otro para los ricos? En el Banco de España lo ven posible

¿Un IPC para ricos y otro para pobres?

La desigualdad es una de las cicatrices más visibles de la crisis económica iniciada hace ya más de una década. En estos años se ha incrementado el porcentaje de personas en riesgo de pobreza en España –aquellas con ingresos por debajo del 60% de la mediana– del 24,7% al 26,6%, mientras que la concentración de ingresos en manos del 20% de la población más rica ha crecido del 5,6% al 6,6%. La todavía alta tasa de paro, la proliferación de nuevas formas de empleo mal retribuido al calor de las plataformas digitales o la extensión del trabajo a tiempo parcial involuntario en los últimos años en plena moderación salarial, tienen mucho que ver.

Ahora, todo esto parece revertir. La tasa de desempleo previsiblemente bajará del 12% este año; es obvio que antes o después se adaptará la legislación laboral para atajar el deterior del empleo ‘uberizado’; el empleo a media jornada va decayendo a medida que las empresas consolidan su recuperación particular; y los salarios se encuentran embarcados en una sólida tendencia ascendente.

Población en riesgo de pobreza y trabajadores pobres

Sin embargo, la corrección de los indicadores de pobreza es muy lenta. El índice GINI, uno de los más habituales para medir el grado de desigualdad en los países, refleja un retroceso desde 2014, año del inicio de la recuperación en España, pero a un ritmo muy lento. Este indicador es un valor situado entre el 0 (supuesto en el que no hay desigualdad) y 1 (en el que la desigualdad es total), que el indicador traduce en un valor 100.

En el caso de España, este valor era del 32,4 en 2008, del 34,7 en 2014 y del 34,1% en 2017. Nada apunta a que este indicador se haya desplomado desde entonces, pese a las subidas del salario mínimo hasta los 900 euros o el incremento de las pensiones.

No todos consumen lo mismo

Pues bien, cabe suponer que una sociedad más desigual presenta patrones de consumo cada vez más distanciados entre los más ricos y los más pobres. Y así lo entiende el Banco de España. Según un documento ocasional del investigador del Servicio de Estudios de la institución Luis Julián Álvarez titulado El índice de precios de consumo: usos y posibles vías, “tras la crisis económica global el análisis de la desigualdad de la renta ha cobrado especial relevancia. En este sentido, sería de utilidad publicar, índices de precios por quintiles de renta o gasto, como, por ejemplo, se hace en Japón, para poder caracterizar con mayor precisión la evolución de la renta o el gasto en términos reales de estos grupos”.

Estos quintiles ordenan a toda la población según la cuantía de los ingresos o los gastos por unidad de consumo, de forma que se hace una división en cinco partes iguales. En el caso de la renta, la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, con datos disponibles hasta el año 2016, reflejaba, por ejemplo, concentraciones de población en los dos primeros tramos, los de rentas más bajas, en Andalucía o Castilla-La Mancha, y en los dos últimos en la Comunidad de Madrid o País Vasco.

¿Cuál sería su utilidad de un IPC adaptado a cada tramo de renta? A priori, mucha. Como recuerda el documento, saber cómo se comportan los precios, tanto por el efecto del comportamiento del consumo como de variables que escapan al control de las economías nacionales como el precio del petróleo o de determinados alimentos frescos, no solo tiene un valor meramente informativo. El IPC es una referencia.

Se toma en cuenta este indicador para pactar subidas salariales o para revisar rentas como las de los alquileres. En este sentido, un indicador de precios que no tuviera en cuenta las peculiaridades de ciertos estratos de renta podría inducir a distorsiones en esos ámbitos de negociación. Además, los bancos centrales establecen generalmente sus objetivos de inflación.

El INE no lo ve necesario

En el caso español, existe actualmente el índice de precios de consumo (IPC) y el índice de precios de consumo armonizado (IPCA), que junto con las correspondientes estadísticas de indicadores adelantados, constituyen los principales indicadores para analizar y proyectar la inflación. Y de momento así será, pese a las opiniones en el seno del Banco de España.

Indice GINI en España

Fuentes del Instituto Nacional de Estadística (INE) aseguran que no se prevé afrontar un cambio para aportar información sobre el IPC diferenciada por quintiles de renta. Aseguran que la desigualdad que pueda haber en rentas no tiene una manifestación marcada en los patrones de consumo, por lo que “no tendría sentido”. De hecho, recuerdan que ningún otro país de la UE tiene indicadores similares.

Sin embargo, el INE trabaja en la mejora de la estadística del IPC pero desde el lado de la información que recaba para su elaboración. Las mismas fuentes explican que los esfuerzos ahora se están centrando en explotar las nuevas vías que ofrece el Big Data o el Scanner Data. Es decir, se trabaja para sustituir las visitas a comercios representativos por la consulta de las bases de datos de los propios establecimientos o empresas.

Otras mejoras del IPC

El investigador del Banco de España apunta a otras posibles mejoras.  Echa en falta indicadores adelantados para grupos especiales de productos para conocer de forma anticipada el origen de las posibles perturbaciones de precios. Pone como ejemplo a la oficina estadística de la UE (Eurostat), que publica una avance del comportamiento de los precios solo para los alimentos, con su desglose en elaborados y no elaborados, así como para la energía, los bienes industriales no energéticos y los servicios.  “Sería conveniente que el INE difundiese este desglose de indicadores adelantados, como hacen también los institutos de estadística de Francia e Italia”, añade el documento.

Además, el documento admite que en España ya hay un indicador subyacente, que elimina el efecto de los productos energéticos y los alimentos frescos, habitualmente los más volátiles. Sin embargo, va más allá, y también aconseja eliminar partidas dependiendo del mes, para minimizar el impacto de las variaciones de precios atípicas, como son las de los alojamientos turísticos en temporada alta o las de prendas de vestir o calzado en temporada de rebajas.

El documento añade la necesidad de contar con series ajustas de estacionalidad y calendario, como las que se cuentan para indicadores como relacionados con la actividad económica; y recuerda que, entre los bienes y servicios consumidos por los hogares, existe un conjunto cuyos precios no están determinados por las fuerzas de mercado, como son los artículos con administrado. “Se podría publicar un índice de núcleo inflacionista definido con el índice general excluidos los alimentos, la energía y los precios administrados”, concluye.