“Habría que crear un ‘banco de la memoria’, no podemos colonizar la memoria de nadie”

El escritor guipuzcoano, autor de 'Patria'. Fernando Aramburu.

Su mirada es la de un observador “esporádico”, según él mismo asegura, la de alguien que va y viene. Hace 34 años que vive lejos de su San Sebastián natal, más de la mitad de su vida. Alemania le acogió siendo un joven de 26 años y allí continúa residiendo gran parte del año, salvo los días en los que los viajes intermitentes, de promoción y premios, a los que su éxito literario le obligan desde que ‘Patria’ cambio su vida. Ahora Fernando Aramburu reconoce que las 629 páginas que abrieron los ojos a mucho de sus lectores estuvieron cerca de no escribirse. Una década antes, cuando ‘Los peces de la amargura’ rondaba por su cabeza, tuvo que superar el reparo, el “escrúpulo moral”, que le suscitaba escribir sobre terrorismo y víctimas, “hacer mi librito sobre el dolor ajeno”, vivido en una ciudad con casi un centenar de asesinados. Las dudas se disiparon cuando constató que le dolía, que aquello que formaba parte de la historia oscura de una sociedad “pedía a gritos ser contado”.

Fue su primera contribución en la construcción de una memoria colectiva o un intento para “obstaculizar una rápida desmemoria”, apunta. La literatura es un arma poderosa contra el olvido y la manipulación. En tiempos en los que el pasado parece regresar en el cosmos político en forma de reproches, miedos y olvidos, Aramburu defiende, en declaraciones a ‘El Independiente’, la construcción de un ‘banco de la memoria’ al que puedan acudir las generaciones del hoy, pero sobre todo, del mañana. Y a ella fía parte de su obra.

Pregunta.- Usted defiende el valor de la literatura como herramienta para salvaguardar la memoria. Tras lo visto en estas elecciones, ¿diría que existe un problema de memoria en España?
Respuesta.- Previamente a la construcción de la memoria es imprescindible crear testimonios que pasen a formar parte de esa memoria. Transcurre el tiempo, suceden nuevos acontecimientos que también reclaman un lugar en esa memoria y no podemos exigir a las nuevas generaciones que estén pendientes en todo momento de lo que nosotros vivimos. Por tanto, creo que la tarea consiste no en pedir cuentas a la memoria colectiva, que es frágil y variable, fluida como un líquido, sino en contribuir a crear un ‘banco de la memoria’. Sería un lugar al que los ciudadanos actuales o del futuro puedan acudir a buscar lecturas, datos, imágenes, etc. Esa es la tarea.

La tarea no es pedir cuentas a la memoria colectiva, que es frágil y variable, sino crear un ‘banco de memoria’ para los ciudadanos del futuro”

P.- Un espacio al que poder acudir sin mediaciones…
R.- No podemos tratar de colonizar la memoria de nadie o de prefijarla. Lo que uno puede hacer es crear obras, películas, fotografías, dejar testimonios… algo así como una raya en la pared de la cueva.

P.- El discurso del miedo ha reaparecido como argumento para recabar apoyos políticos. Un mensaje con referencias constantes al pasado. ¿El miedo sigue funcionando en España para mover voluntades?
R.- Soy escéptico con estas cuestiones. Todo el mundo sube el volumen de voz y cada cual trata de arrimar el ascua a su sardina generando incertidumbre, miedo, para que el ciudadano se aferre a la propuesta propia. Lo cierto es que la gente votó y parece que todo se ha serenado. Forma parte del juego político. No es privativo de España, también ocurre en otros países. Es cierto que España tiene particularidades relativas a la territorialidad o al pasado de la violencia terrorista, del que aún quedan heridas y recuerdos y que no es extraño que afloren en estas peleas de discursos.
Aramburu confía en la literatura como vía para interpelar a futuras generaciones. Obras con carácter de perdurar y convertirse en testimonios para dar forma a una memoria colectiva. Un legado que en forma de novela pueda interpelar directamente a quien la lee.

El escritor guipuzcoano asegura que una crónica histórica o periodística difícilmente tendrá la virtud de llegar directamente al lector. El novelista llega a las alcobas, los dormitorios, los bares, los pensamientos y los sentimientos de los individuos, asegura, “es lo poderosos de la ficción, su capacidad para interpelar”.

P.- La memoria… y la desmemoria. ¿Le ha sorprendido que en Euskadi la izquierda abertzale doble escaños y que, en cambio, el PP o Cs y Vox no obtengan por el País Vasco representación alguna en el Congreso?
R.- Sólo puedo hacer observaciones como un visitante ocasional. Supongo que la población se ha adaptado a esa situación cómoda y que por eso la sigue apoyando electoralmente. Yo veo las paredes de mi ciudad –San Sebastián- limpias, no veo banderas, parece que no hubiera ocurrido nada hace un tiempo. Veo además que aquí el nivel de vida es bastante alto.

Los jóvenes que han entrado en política y vienen a asaltar los cielos se irán moderando cuando pierdan pelo, tengan hijos y echen barriga”

P.- La polarización derecha-izquierda parece haber resurgido y en sus posiciones más extremas. Que en las formaciones más escoradas, Vox y Podemos, el peso de los jóvenes sea especialmente significativo, ¿cómo lo interpreta?
R.- Haría una reflexión de tipo antropológico. Si miramos atrás, los que hemos llegado ya a cierta edad recordaremos una juventud en la que no estábamos atados a responsabilidades laborales y familiares y nos podíamos permitir cierto radicalismo, ciertas posturas que pretenden el cambio radical. Es ley de vida. Ahora mismo, todos estos jóvenes que han entrado en la política y que vienen a asaltar el cielo y cambiarlo todo en cuatro días, con el tiempo, cuando vayan perdiendo pelo, tengan hijos, echen barriga… se irán moderando en su discurso. Esta dinámica entre jóvenes y mayores es universal.

Las dos Españas las ve claras. Pero no son ideológicas, sino la real y la publicada. Aramburu afirma que estos días se ha visto y se continuará visibilizando la España mediática y la España de la calle. La primera, tensionada y en pulso ascendente y la segunda, centrada en la vida cotidiana, la de los problemas reales y en muchos casos ausentes de la pugna política.

P.- Y como observador esporádico que dice que es, ¿detecta indicios de debilidad en la convivencia en España?
R.- Veo dos capas diferentes. En la calle hay calma, la población se lo toma todo con más tranquilidad de lo que nos muestran los políticos y está presente en los medios de comunicación. Esa imagen de políticos que no se respetan, que cuando debaten se arrebatan la palabra, que se lanzan adjetivos muy gruesos o incluso ofensivos nos puede dar la sensación de que todo va mal y estamos al borde de una pelea civil. Pero luego la gente vota, elige, trabaja y tiene sus problemas cotidianos. Yo he estado estos días en Barcelona y en la calle había una enorme tranquilidad.

Tampoco en Madrid tampoco he percibido que las calles estuvieran ocupadas por masas tumultuarias. Hay una realidad mediática que a veces nos asusta, hablando de 40-50 diputados de Vox. La gente estaba inquieta y por eso ha habido una participación muy alta, convencida de que había que participar. Pero no se corresponde con lo que no ve en la calle.