El PSOE se siente ganador tras los debates y decreta: “La campaña ha terminado”

El presidente del Gobierno de España y candidato del PSOE a la reelección, Pedro Sánchez

Una campaña electoral de cuatro horas de televisión tras dos meses de intensa precampaña peinando las provincias clave para lograr la mayoría en  las urnas. El PSOE da por liquidada la campaña electoral tras los dos debates televisados del lunes y el martes. Desde la dirección del partido considera que Pedro Sánchez es el candidato que menos rechazo genera, por lo que acabará pescando en el caladero de los indecisos. “A Pedro le votarán aunque no les guste”, aseguran en Ferraz, que también minimiza el efecto de los debates electorales. “Está comprobado que sólo mueven dos o tres puntos”, explican.

Desde la sede socialista y desde Moncloa han diseñado una campaña de perfil bajo, basada en la amenaza de la llegada de Vox al poder, y obsesionada con no cometer errores ni entrar en la cuestión catalana. En el equipo del presidente consideran cumplidos esos objetivos y decretan que “la campaña ha terminado”. De hecho, su maratón electoral comenzó mucho antes que la propia campaña, prácticamente dos meses y medio antes, cuando el 15 de febrero el presidente del Gobierno anunció elecciones anticipadas.

Desde entonces, el candidato socialista ha combinado su agenda institucional con la del partido para visitar las 26 provincias decisivas con actos como presidente del Gobierno por la mañana y como líder del PSOE por la tarde. Por ejemplo, Pedro Sánchez visitó Cantabria el pasado 12 de marzo. El Falcon presidencial aterrizó en el aeropuerto Seve Ballesteros sobre las 16,30 horas, desde donde la comitiva se trasladó a Santillana del Mar y al Mercado Nacional de Ganados para mantener un encuentro abierto con las organizaciones, cooperativas y colegios profesionales en busca del voto rural. La agenda incluyó una visita institucional al Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira y finalizó con una reunión con jovenes en la bolera Severino Prieto.

Con ese recorrido por España a sus espaldas, al PSOE no le importó que buena parte de la campaña electoral coincidiera con la Semana Santa y confió su victoria a la amenaza de un Vox que finalmente se quedó fuera de los debates televisivos. Por ese hecho imprevisto, el candidato socialista alertó sobre la ultraderecha en más de 20 ocasiones en su confrontación con Pablo Casado (PP) y Albert Rivera (Cs).

Las grandes victorias electorales del PSOE se han basado históricamente en sus triunfos en Andalucía y Cataluña, las comunidades más pobladas. Pedro Sánchez perdió en ambas en los comicios de junio de 2016 hundiendo a su partido en sus peores resultados de la historia, aunque logró evitar el sorpasso como segunda fuerza política con el que amenazaba el auge de Podemos. Con el partido de Pablo Iglesias en descomposición y la plataforma electoral de estos ocho meses de Gobierno, el PSOE confía en recuperar la primera posición en sus dos feudos tradicionales y conseguir una victoria electoral once años después de la última de José Luis Rodríguez Zapatero.

Los socialistas confían en pasar de los 558.000 votos logrados en Cataluña en 2016 a unos 700.000 el 28 de abril y rebasar los 1,3 millones cosechados en Andalucía en las últimas generales. La pérdida del Gobierno andaluz por el pacto entre PP, Cs y Vox movilizará al electorado progresista en favor de Sánchez en la comunidad, según las proyecciones socialistas. El PSOE completaría esos dos millones de papeletas con su victoria en Asturias, Baleares, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Madrid, País Vasco y La Rioja, así como en en Ceuta y Melilla, según ha pronosticado el CIS. Esos resultados teñirían de rojo buena parte del mapa electoral de España y darían pie al “cambio de época” que Pedro Sánchez persigue conseguir en estas elecciones.

En Moncloa prestan especial atención al dato de la participación en los comicios y postponen cualquier decisión sobre las alianzas electorales a la celebración el 26 de mayo de las elecciones municipales y autonómicas que ampliarán la negociación entre los partidos a las alcaldías de las principales ciudades y gobiernos regionales.