De periodista del ‘New Yorker’ a conquistar las mesas de póker: así es Maria Konnikova

En enero del año 2018, Maria Konnikova aterrizó en Nasáu, la capital de Bahamas, para jugar un torneo de póker que, aunque todavía no lo sabía, le iba a cambiar la vida por completo.

En la paradisiaca isla caribeña se celebra tradicionalmente, con el año todavía tierno, el primer gran festival del naipe a nivel mundial, la PokerStars Caribbean Adventure. Es una serie de torneos que durante un par de semanas arrancan el calendario y ayudan a escapar de las bajas temperaturas del hemisferio norte.

Para Maria el torneo significaba algo diferente que para el resto de jugadores que volaron hasta Bahamas. Ellos tenían el sueño de ganar, llevarse un premio importante y encarrilar su carrera. Para ella sólo era un paso más en una investigación que debía terminar en un libro.

Con el paso de las manos, y de las eliminaciones, lo que empezó siendo un mero ejercicio de documentación en primera persona se convirtió en una victoria que puso el trofeo en manos de esta estadounidense nacida, por caprichos del destino, en Moscú. Un trofeo acompañado por 84.000 dólares que convirtieron su investigación en su profesión.

Desde que ganara aquél torneo, un hito redondeado con otra gran posición en otro de los eventos del festival de póker, Maria se ha convertido en una jugadora profesional de póker que acumula ganancias en torneos en vivo por encima de los 200.000 euros.

¿Cómo piensa un jugador de póker?

Todo comenzó cuando Maria decidió preguntarse si los razonamientos que los buenos jugadores aplican en las mesas -lógica, observación, matemáticas, estadística, capacidad para soportar la presión- se podían extrapolar a la toma de decisiones en la vida real.

No era algo nuevo para ella, pues lo acababa de hacer, y con mucho éxito, con Sherlock Holmes, al que utilizó de modelo para su obra ¿Cómo pensar como Sherlock Holmes?, que acabaría convirtiéndose en un best seller de The New York Times, por lo que tenía todo el sentido del mundo preguntarse por nuevas formas de afrontar una decisión.

Graduada en psicología y escritura creativa en Harvard, y con un doctorado en psicología por la Universidad de Columbia, si alguien podía plantearse entrar en la cabeza de un jugador de póker, esa era ella.

Lo primero, claro, era aprender a jugar. “No sabía nada de póker, no sabía nada del juego”, ha explicado alguna vez. ¿Cómo se remedia eso? Con buenos profesores. El primero en ofrecerse fue Erik Seidel, al que luego se sumaron Phil Galfond y Jason Koon. Entre los tres suman más de 62 millones de dólares en premios en torneos en vivo a lo largo de sus carreras.

Compaginando las enseñanzas de estos tres enormes jugadores con su trabajo en la revista New Yorker, Maria fue avanzando en su investigación. Su éxito, asociado al hecho de que ha entrado en el equipo de profesionales de PokerStars, la sala de póker más importante del mundo, ha provocado que haya decidido tomarse un año sabático de la redacción de la publicación. Hay que centrarse en los fieltros.

Su investigación fue complicada por la propia ley estadounidense, que prohíbe el juego online. “Muchas veces, cuando quería trabajar en conceptos en concreto, me tenía que ir hasta Nueva Jersey y jugar desde allí, donde sí está permitido”, ha explicado.

¿Cuestión de suerte?

Maria reconoce que, antes de empezar con sus pesquisas, no sabía nada de todo lo que rodea al mundo del póker. “No me habían interesado nunca ni los casinos ni el juego”, explica a El Independiente.

La suerte fue el gran componente del juego que despertó su interés. “Realmente lo que quería era descubrir cual es el efecto que tiene la suerte en la toma de decisiones de las personas durante su vida diaria. El póker era simplemente un deporte en el que ese factor tenía una relevancia más importante que en el resto, y por eso me decidí a aprender más sobre él”, explica.

De hecho, dice, “pensaba que la suerte jugaba un papel muy importante en el juego. Pero una vez que empiezas a estudiarlo más a fondo te das cuenta de que, evidentemente, tiene un elemento de suerte y azar que es imposible de quitar, pero que a largo plazo la habilidad es el elemento decisivo”.

¿Cómo se consigue esa habilidad? Estudiando y practicando. “He dedicado muchas horas al estudio de las decisiones, y el proceso para tomarlas, con jugadores como Erik Seidel o Phil Galfond. Conocerles me abrió la puerta a alguna de las mentes más brillantes del juego y creo que lo importante es que sigo aprendiendo”, cuenta la jugadora estadounidense.

Sus 200.000 euros en ganancias demuestran que su entrenamiento no ha sido del todo malo, aunque su gran ambición ahora es mejorar “en el aspecto mental”. Para ello se ha puesto en manos de Jared Tendler, uno de los coach más reputados y que, además de con jugadores de póker, suele trabajar con profesionales del golf o con profesionales de los videojuegos.

“Es una parte muy muy importante, vital. Puedes tener mucho entrenamiento y muchas habilidades, pero necesitas saber cómo y cuándo aplicarlos y para eso hay que trabajar mucho el aspecto mental”, explica.