Las armas secretas de Vox

Hay dirigentes de Vox convencidos de que cuanto más demonicen y parodien su partido durante la campaña, más les beneficia. Por eso están encantados de que el Partido Popular haya impulsado oficiosamente otro vídeo con Abascal como protagonista en una campaña oculta por Whatsapp. Esa parodia del clásico concurso televisivo Un, dos, tres, titulado Un, Vox, tres, en el que aparece Santiago Abascal, sin saber responder a ninguna de las preguntas que le formula la voz en off sobre los problemas básicos de los ciudadanos.

Con esta campaña el PP ha conseguido de nuevo que Abascal aparezca en todos los telediarios y ediciones digitales. El líder de un partido sin (todavía) representación parlamentaria en el Congreso e los Diputados vuelve a ser protagonista. Además, igual que hiciera el PP con el vídeo con Epi y Blas explicando el voto útil, retrata Vox como su enemigo a batir. Es decir, no solo le da visibilidad sino que le otorga relevancia en el tú a tú. Una de las armas secretas de Vox son los ataques de sus rivales.

“A los partidos nuevos lo que más les cuesta es ser percibidos como opción política”, afirma Giselle García Hipola, profesora de Comunicación Política de la Universidad de Granada y experta en comportamiento político y electoral. “Con estos vídeos, el PP está cayendo en la estrategia de la carrera de caballos. Le está diciendo a su electorado quién es su competidor y lo está dotando de relevancia”. Y añade: “No tiene sentido establecer como rival a alguien mucho más pequeño que tú, porque le estás dando más relevancia y más tamaño del que tiene. El PP lo hace porque sabe que su electorado se está yendo a Vox y lo quiere parar, pero queriéndolo frenar lo está haciendo más grande”.

El esfuerzo en demonizar a Vox de sus oponentes los convierte en el referente para el votante enfadado

El partido de Santiago Abascal, que las encuestas auguran que podría estrenarse en el Congreso de los Diputados con cerca de 30 escaños tras el 28-A, está consiguiendo un protagonismo inaudito para un partido que acaba de estrenarse en las instituciones con las elecciones de Andalucía, solo comparable al que tuvo Podemos tras las Elecciones Europeas de 2014. El esfuerzo en demonizarlos de sus oponentes los convierte en el referente para el votante enfadado que sirve de imán para los que aspiran a ejercer un voto protesta. “La campaña se la están haciendo los demás partidos”, resume García Hipola.

De la demonización al voto oculto

También afirman en privado los de Vox que cuentan con “mucho voto oculto que no reflejan las encuestas”. Es otra de sus armas secretas. Un voto oculto que atribuyen al reparo que les llega de muchos ex votantes del PP, de Ciudadanos, o de la abstención, que no se identifican con la etiqueta de derecha radical ni ultraconservadores que les dan los medios, y por lo que les cuesta reconocer en alto que van a votar por Abascal el 28-A. Esta vergüenza no solo la detectan a la hora de reconocerle a los encuestadores a quién van a votar, también en entornos de familiares y amigos. Cuentan con este votante silente de Vox para dar la sorpresa el 28-A y convertirse en tercera fuerza política.

Un voto que es señalado como negativo en la mayoría de los medios es muy probable que tenga voto oculto

“Un voto que es señalado como negativo en la mayoría de los medios es muy probable que tenga voto oculto, lo que es complicadísimo de saber es cuánto”, afirma José Antonio Ruiz San Román, profesor de Sociología Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. “Hay una cierta espiral del silencio en los círculos en los que está mal visto. Si se percibe como negativo, no lo digo”.

Un sector de la población que tal vez vote por Abascal, no quiere reconocer en alto que va a votar por un partido al que se tilda de racista, homófobo y antifeminista. “Eso es porque tenemos dos tipos de votantes, unos muy entusiastas que difunden nuestros mensajes y hasta ayudan al partido como voluntarios y, otro de perfil bajo, que simpatizan con nosotros internamente pero no quieren meterse en política ni discutir con su familia ni amigos, pero nos van a votar”, afirman fuentes de Vox, que presumen de no tener “medias tintas”.

Entre los expertos en demoscopia, sin embargo, no está tan claro. “No podemos ni negar ni afirmar que ese voto oculto sea alto en Vox”, afirma Carlos Rello, director general del Instituto DYM Market Research. “Seguramente para Vox sea una cuestión de fe. En las andaluzas no es que fallaran las encuestas, es que en el último mes hubo un fenómeno explosivo con Vox que no dio tiempo a recoger. Y ahora para las generales, sin embargo, como llevan ya varios meses en el candelero, ya no tienen esa fuerza de la sorpresa de última hora. Es difícil que se produzca un fenómeno explosivo porque en tres meses ya se los conoce”.

Según Rello, “los datos muestran que al votante español medio le da más vergüenza reconocer que vota a la derecha y también el PP tiene más voto oculto que el PSOE: en cualquier muestra encontramos más gente que se reconoce votante de partidos de izquierdas que de derechas. Por eso tiene que haber cocina, porque si comparas lo que dicen que votaron con el voto real anterior no cuadran los datos”. Lo complicado es que el recuerdo de voto de Vox no se puede tomar como referencia porque en las anteriores elecciones fueron irrelevantes.

Vox también ha criticado mucho las encuestas electorales porque aseguran que les penalizan a propósito. Denuncian que no midieron los 12 escaños que iba a sacar el partido de Abascal en las elecciones andaluzas de diciembre para minusvalorarlos.

Algunas encuestas estiman que van a pasar de 50.000 votos a más de 2,5 millones en cuatro años. “Nunca nos hemos equivocado con Vox”, afirma Narciso Michavila, sociólogo y presidente de la consultora de investigación social GAD3. “En las elecciones andaluzas nuestras últimas encuestas dieron una estimación de 8-10 escaños. El votante más fácil de estimar en este momento es el de Podemos y el de Vox, porque son votantes muy ideológicos y están convencidos de su opción. No mienten en las encuestas, pero cada vez más deciden en el último momento”.

Las encuestas de GAD-3 ven para el 28-A un techo en Vox del 12%, con 22-32 escaños. “Con el discurso que tienen pueden sacar 2,5 millones de votos, pero es complicado que suba de ahí”, apunta Michavila, que cree que el argumento del voto oculto no es más que un reclamo electoral de Vox. “El que vive dentro de la M-30 se suele olvidar de que España es más plural y esa burbuja favorece la sensación de que Vox va a sacar más de lo que saca”.

Según Michavila: “Los partidos nuevos no paran de presionar a las firmas encuestadoras para que les demos más, pero si luego sacan menos de lo que les damos se enfadan igualmente porque dicen que hemos inflado las expectativas”. Según el sociólogo, “mienten más los políticos que los votantes”. Y concluye: “Mi experiencia habiendo trabajado en encuestas en 15 países es que el respeto del votante al resto de opciones es extraordinario”.

Los expertos no se ponen de acuerdo en qué dimensión puede tener el voto oculto a Vox, pero sí en que los nuevos partidos siempre generan más incertidumbre a la hora de analizar su voto. En el caso del voto oculto de Vox, no está claro si gran parte de los electores no reconocen que vayan a votarlo por vergüenza o simplemente porque aún de verdad no lo saben. “Hay mucho más voto que se decide en el último momento, así que no podemos saber si no lo reconocen o aún no se han decidido, como pasó en Andalucía cuando más gente que nunca se decidió en la última semana, en la que no está permitido publicar encuestas”, afirma García Hipola.

Cada vez es más difícil diferenciar el voto oculto del indeciso que decide a última hora

La tendencia de las encuestas, que son fotos fijas de cada momento de la campaña, sí reflejaban en Andalucía un aumento progresivo hasta la noche electoral, aunque como la ley no permite publicar encuestas la última semana no se vio reflejado hasta el último momento. Por eso es cada vez más difícil diferenciar el voto oculto del indeciso que decide a última hora.

Por otra parte, cuando Vox utiliza el argumento de que tiene mucho voto oculto en realidad, tal afirmación, puede ser una herramienta más para movilizar. “Es una forma de captar al indeciso, que cada vez es más importante”, apunta Rello. “Pero ojo porque también moviliza el voto a la izquierda. Desde que se ha visto que Vox puede ser una opción decisiva para formar gobierno, ha ido creciendo el voto de izquierda. El miedo a Vox moviliza mucho al votante del PSOE”.

Santiago Abascal, el político antipolítica

La estrategia de Vox también pasa por alimentar su imagen de outsiders de la política. Abascal va de recién llegado a la vida pública y tiene mérito, teniendo en cuenta que lleva en política desde hace 20 años, cuando con 23 empezó de concejal del Partido Popular en Llodio. “La política no es solo el plan de urbanismo, ni el horario escolar, ni el alumbrado de las calles. Todo eso a mí nunca me ha interesado, aunque he sido concejal durante ocho años. Son debates en los que me da igual una cosa y la contraria”, reconoce en conversación con Fernando Sánchez Dragó.

Al fin y al cabo, reconoce lo que de él trata de parodiar el vídeo del PP del Un, Vox, tres. A Abascal de lo que le interesa hablar es de la unidad de España, del aborto y de frenar la inmigración ilegal. Y sobre esos tres ejes ha construido Vox una campaña con el afán de que no le saquen del guion.Y, cada vez que sus rivales inciden en esos tres temas aunque sea para ridiculizarlo, le están haciendo un favor.

Cada vez que le preguntan a Abascal sobre un tema que va más allá de esos tres ejes, ya sea de política internacional o medidas económicas concretas, suele responder con prudencia que todavía no lo tienen decidido y que está “encantado de escuchar propuestas”. A cuatro semanas de las elecciones.

En realidad, no tener respuesta para todo le sirve de coartada para sostener que en Vox no hay políticos profesionales sino “gente”. A Abascal las políticas públicas le aburren. Él mismo lo reconoce. Legislar el día a día de las pequeñas cosas que facilitan la vida de los ciudadanos no es lo que le interesa de la política. En España vertebrada (Planeta, 2019), el libro que publica sus conversaciones con Fernando Sánchez Dragó, Abascal reivindica constantemente los grandes conceptos como “el patriotismo, el honor y cosas así”. Literalmente.

Abascal dice que huye de las etiquetas y de las ideologías porque definirse equivale a limitarse. Y su partido, como hizo Podemos hace cinco años, quiere recoger la ira de todos los indignados con el sistema. Por eso sostiene que Vox no es solo un partido, sino “un movimiento de reacción cultural en el que caben conservadores, liberales, cristianos y ateos”. Y añade Abascal: “Caben, incluso, personas vinculadas a ideología de izquierda, pero preocupadas por la igualdad de España”.

Abascal no huye del calificativo de populista. “Si ser populistas es tener la capacidad de llegar al pueblo directamente, pues mira, sí, somos populistas”, le dice a Dragó.