El Parlamento pide a May que solicite una prórroga para el Brexit

Manifestantes a favor y en contra del Brexit en Westminster.

Como el reloj del Brexit no se puede parar, y estamos en la primera casilla a 15 días de la fecha fijada para la salida del Reino Unido de la UE, el 29 de marzo, la ampliación del plazo es inevitable. Con el imprescindible permiso de la Unión Europea. El Parlamento británico ha votado a favor de la propuesta del Gobierno de Theresa May de solicitar a la Unión Europea una prórroga hasta el 30 de junio de 2018. Ha salido adelante por 412 votos a favor y 202 en contra. Y queda abierta la posibilidad de volver a votar el Acuerdo de May.

Por solo dos votos (314 en contra y 312 a favor) ha sido rechazada la llamada enmienda Benn-Letwin, suscrita por varios partidos, que habría permitido a la Cámara relegar al Gobierno de May y capacitarla “para avanzar a la hora de buscar una mayoría de consenso”. May ha contenido el aliento al salvarse por los pelos de lo que habría sido una derrota total.

Antes los diputados han rechazado por tres votos que la prórroga del Brexit solo pueda ser hasta el 30 de junio. Asimismo los noes (319) han superado a los síes en una enmienda del líder laborista, Jeremy Corbyn, que habría supuesto el fin del Acuerdo de May.

Por primera vez los diputados se han pronunciado sobre un segundo referéndum, pero ni los que defienden volver a las urnas sobre el Brexit creían oportuno dar esta batalla ahora. La enmienda se ha rechazado sin sorpresas. Solo 24 diputados laboristas han votado a favor. La mayoría se ha abstenido.

La primera ministra británica, Theresa May, solicitaba el apoyo del Parlamento para una prórroga hasta el 30 de junio, siempre y cuando se haya aprobado un acuerdo el 20 de marzo, justo antes del próximo Consejo Europeo, donde los Veintisiete deberían dar su luz verde. Ahora lo que se debatirá serán modelos alternativos.

En la propuesta se explica que el rechazo implica una ampliación mayor y la consecuente celebración de elecciones europeas. Es un guiño a los euroescépticos para que calibren si les compensa rechazar el acuerdo que hay sobre la mesa, a costa de quedarse más tiempo en la UE.

Mientras tanto, May ha tendido los lazos a los unionistas norirlandeses, encabezados por Arlene Foster, que puede replantearse su posición sobre el Acuerdo de Salida si el fiscal general, Geoffrey Cox, añade una argumentación jurídica a las garantías ofrecidas por al UE sobre la salvaguarda (backstop) para evitar la frontera interirlandesa.

De acuerdo a los medios británicos, se trataría de invocar el artículo 62 de la Convención de Viena, en relación a poder poner fin unilateralmente a los tratados “cuando cambian las circunstancias”. Los unionistas norirlandeses no quieren llevar sobre sus hombros el fracaso del Brexit. Los euroescépticos del European Research Group (ERG) estudian esta vía también.

Voto continuo

El speaker, John Bercow, ha aceptado otras cuatro enmiendas, una de ella sobre la celebración de un segundo referéndum, y otra para descartar un nuevo voto sobre el Acuerdo de May y los Veintisiete, ya rechazado dos veces en Westminster.

La enmienda sobre el segundo referéndum ha sido propuesta por Sarah Wollaston, diputada del Grupo Independiente, una escisión de los laboristas, que cada vez cuenta con más apoyo popular. Incluso los partidarios del People’s Vote ven inoportuno plantear ahora esta enmienda. “No es el momento”, es el argumento. Ha sido rechazada por 85 votos a favor y en contra 334.

No es el momento para probar el apoyo parlamentario a celebrar una nueva consulta”, dicen en People’s Vote

“No es el mejor momento para probar el apoyo a la nueva consulta. Es el momento de que el Parlamento deje claro que necesita más tiempo y pida que se amplíe el plazo de activación del artículo 50”, señala un comunicado de People’s Vote, que ha convocado una gran manifestación el 23 de marzo.

Un portavoz laborista para el Brexit, Keir Starme, ha señalado, según Reuters: “Hoy no apoyaremos la enmienda H (sobre una nueva consulta popular). La pregunta de hoy es si el artículo 50 debe prorrogarse”.

Sin embargo, el jefe del grupo parlamentario del Partido Nacional Escocés (SNP), Ian Blackford, acusó a los laboristas de “fraude” por no dar su respaldo a la enmienda sobre el segundo referéndum. En Escocia venció el no al Brexit el 23 de junio de 2016.

Mano tendida desde Bruselas

Desde Bruselas, el presidente del Consejo, Donald Tusk, ha anunciado que aconseja a los Veintisiete que estén dispuestos a aceptar una ampliación mayor del plazo con el fin de que el Reino Unido se replantee su estrategia sobre el Brexit y encuentre el consenso requerido.

Los brexitólogos interpretan que Tusk con este guiño intenta ayudar a May al confirmar su tesis de que si no se aprueba el texto que ya está sobre la mesa el riesgo es quedarse más tiempo en la UE, algo que los euroescépticos no desean. El riesgo es que el Brexit sea más moderado o incluso haya un segundo referéndum.

También da a entender que los británicos tienen la opción de convocar elecciones o bien otro referéndum para encontrar el consenso necesario.

El riesgo de que los británicos voten en las elecciones europeas, que se celebran entre el 23 y 26 de mayo, estriba en que los euroescépticos británicos sumen sus fuerzas a los del resto de la UE y el bloque sea decisivo en el Parlamento Europeo.

Según los Tratados, si el Reino Unido se queda en la UE más allá del 30 de junio, debe tener representación en el Europarlamento. Una vez que salga sus eurodiputados se retirarán y dejarán paso a los que estaba previsto que entraran en ausencia de los británicos.

En esta semana de votaciones enloquecidas, el Parlamento rechazó el martes por segunda vez el Acuerdo firmado por la primera ministra y los Veintisiete en diciembre pasado, a pesar de las garantías legales aportadas por la UE.

Más complicado fue lo que sucedió el miércoles. Los parlamentarios aprobaron una enmienda que rechaza la salida sin acuerdo en cualquier circunstancia y en cualquier momento, de modo que la propuesta del gobierno, limitada a evitar una salida sin acuerdo el 29 de marzo, tuvo que votarse con esta aportación.

May estaba en contra porque impide que se juegue la carta del Brexit salvaje, aunque no sea legalmente vinculante. Hasta cuatro de sus ministros no le hicieron caso. Ha quedado en evidencia que no controla ni el Parlamento, ni el Gobierno, pero el problema es que nadie está en el cuadro de mandos.

A May le llueven críticas por todos los flancos. John Crace, columnista de The Guardian, asegura que en una carrera con un solo caballo (muy británico  el ejemplo), llegaría segunda. Asegura que May solo es líder de nombre, no de hecho.

Y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que “está sorprendido de lo mal que está manejando” la situación la primera ministra. “Esta cuestión está dividiendo el país… Le aconsejé cómo negociar pero no me escuchó”, ha declarado Trump, tras un encuentro con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar.

Trump incluso ha señalado que celebrar un segundo referéndum sería “injusto”.  Según Trump, “otro referéndum sería injusto con la gente que ganó en el primero. Dirían: “¿Qué quiere decir esta consulta? ¿Vais a repetirla? Sería muy duro”.

Sesión tras sesión del Parlamento británico parece que el único que mantiene el timón de este Titanic a la deriva es John Bercow, el speaker, o presidente de los Comunes, que reparte juego y derrocha dotes de mando, paciencia y buen humor en los peores momentos.