La soledad de la concejala más ecologista

Inés Sabanés está desbordada. Agobiada, su equipo trabaja a contrarreloj para que el próximo día 30 de noviembre esté listo Madrid Central, que viene a ser lo mismo que decir que el acceso al Distrito Centro de Madrid esté vetado a los coches de los no residentes que no sean eléctricos o no tengan etiquetas CERO o ECO. “Si Madrid Central no se hiciera, nuestra legislatura sería un fracaso”, reconoce un alto cargo del Consistorio que dirige Manuela Carmena.

Otro alto cargo de Podemos lo resume así: “Si Madrid Central sale bien, Carmena obtiene la alcaldía sin lugar a dudas en 2019”.

La delegada de Medio Ambiente y Movilidad del ayuntamiento ha asumido toda la responsabilidad de la política estrella de Ahora Madrid, una coalición cuyas concejalías funcionan como Reinos de Taifas. Y no es una responsabilidad baladí: se trata de una medida anticontaminación pionera a nivel internacional mucho más ambiciosa que otros referentes como Londres (peaje por circular en el centro) o Roma (zonas vetadas al tráfico). Y Sabanés va a ser el blanco de los ataques en las dos semanas que quedan para su implantación, aunque tenía que haber entrado en vigor a principios de 2017.

La edil va a ser el blanco de los ataques hasta el 30-N

Las embestidas ya han empezado. La Comunidad de Madrid prepara un recurso contra Madrid Central. Ciudadanos se ha sumado al PP de Madrid y el jueves pasado pidió paralizar Madrid Central en la Asamblea. Por el contrario, la Comisión Europea aplaude la medida y precisamente por las iniciativas medioambientales desplegadas en Madrid y Barcelona, el Ejecutivo comunitario ha librado a España de una multa de más de 2.000 millones de euros.

En el sindicato CCOO hay estos días un revuelo tremendo por las declaraciones del secretario confederal de Medio Ambiente, Ángel Juberías, acusando a Madrid Central de “discriminatoria” (Juberías va a ser desautorizado el lunes). Y hasta el residual PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España) ha lanzado un comunicado oponiéndose a Madrid Central porque afecta, dicen, a la clase obrera. Sabanés recibe en público embates de la izquierda y la derecha: desde que quiere coartar la libertad de conducir (parafraseando a Esperanza Aguirre) hasta que quiere gobernar solo para los pijos del Centro.

Izquierda y derecha la han criticado: “libertad de conducir”, “centro para pijos…”

Off the record la cosa cambia: “Inés es maravillosa”, afirma un miembro del equipo del presidente autonómico Ángel Garrido. Han leído bien: Garrido preside la Comunidad de Madrid y quien dice esto está entre quienes quieren judicializar la iniciativa y cargársela. “Hay que decirlo claramente: el área de Movilidad es lo que mejor funciona del Ayuntamiento de Madrid”, asegura por su parte una persona de Anticapitalistas y Ganemos, la fracción más rebelde de Ahora Madrid, la corriente a la que Carmena no quiere ver ni en pintura y que ha votado en múltiples ocasiones contra propuestas del equipo de Gobierno.

Inés Sabanés no es nueva en política. Pero sí goza del respeto que muchos no tienen. Militó en el PASOC de Pablo Castellano, estuvo en la fundación de IU y fue elegida diputada por Madrid en la lista de Julio Anguita en 1996. Funcionaria municipal, fue concejala y diputada autonómica. En 2009 se despidió como portavoz deseando a Aguirre “mucha suerte en lo personal y ninguna en lo político”, y en 2011 abandonó todos sus cargos en IU, desde donde se fue a la formación ecologista Equo. Nunca ha sido tránsfuga.

Abandonó IU en 2011 y dimitió de todos sus cargos

“Es muy trabajadora y honesta”, recuerda un ex compañero de aquella bancada, hace ya diez años. “Tiene la virtud de rodearse de muy buenos equipos y, mejor todavía, dirigirlos. Sabe que la política no es una línea recta, sino que a veces hay que dar rodeos y quiebros. Y lo mejor: si cree en algo lo defiende hasta el final, y la prueba es Madrid Central”. De hecho, la restricción al vehículo particular es una de las pocas medidas que se ha gestionado al 100% con el PSOE, cuyo concejal Chema Dávila ha trabajado codo con codo con la edil.

No la van las alharacas ni los grandes anuncios y es ajena a las peleas internas de Podemos, donde no milita. Tampoco se mete en los fregados de Ahora Madrid. Carmena la quiere en los puestos de salida en 2019 pero la delegada de Movilidad no lo tiene tan claro: al principio de la legislatura su salud empeoró y tiene ya 65 años, una generación por debajo de la actual alcaldesa.

Sus enemigos políticos la alaban off the record

“Una vez fue a La Sexta Noche y salió horrorizada por el formato tan intenso, que no deja espacio a la pedagogía”, revela un amigo de Sabanés. Rehuye el radicalismo y se aleja de la política de grandes anuncios y aspavientos. Así, fue la primera en ser criticada por las bases, al negarse a remunicipalizar el servicio de limpieza por estar vigentes los contratos integrales firmados en 2013: estaba a favor, defendió, pero dar ese paso conllevaría el despido de miles de trabajadores del sector y un conato de inseguridad jurídica cuyas consecuencias eran impredecibles. Lo explicó en una carta y dio la cara.

Hoy Sabanés se ha convertido en una de las dirigentes más aceptadas por las bases de Ahora Madrid, más bien irritadas por cosas como la Operación Chamartín. Y es que la lista de trofeos del partido instrumental es escasa. En Urbanismo, por ejemplo, área que dirige José Manuel Calvo (Podemos), apenas se puede destacar la ampliación de aceras (el debate sobre la Gran Vía dura ya tres años), menos de cinco kilómetros de carriles bici decentes, la inspección de un puñado de pisos turísticos de Airbnb (Madrid tiene una veintena de inspectores frente a los más de 100 que ha contratado Ada Colau) y la rehabilitación de bastantes edificios.

Es la dirigente con más éxitos del equipo de Manuela Carmena

La legislatura va a terminar con la construcción de mil viviendas sociales como mucho frente a las 5.000 que prometía el programa electoral de 2015: fondos buitre como Blackstone van a seguir poseyendo 2.000 VPO enajenadas (el ayuntamiento ha renunciado ya a la vía judicial y solo litigan particulares afectados); y el superávit municipal se está destinando a pagar la deuda que dejó Alberto Ruiz-Gallardón en vez de a inversiones. En este sentido, los éxitos del área de Movilidad y Medio Ambiente cobran mayor relevancia.

La empresa de autobuses EMT ha vuelto a niveles de usuarios pre-crisis frente al estancamiento del Metro de Madrid que gestiona la región y el ocaso de los Cercanías que tutela Renfe. Se ha conseguido la renaturalización del Manzanares, a pesar de que el ayuntamiento estuviera a punto de permitir a los piragüistas practicar deporte en el río antes de echarse para atrás. El 85% de las calles de la capital han visto reducir la velocidad media de los vehículos a 30 kilómetros por hora.

Sabanés no sabe si repetirá en 2019

Hizo algo todavía más histórico: aplicó el temido Protocolo 3 Anticontaminación a finales de 2016, que permite solo circular a los coches pares. Un escenario insólito que sorprendentemente salió bien en pleno mes de diciembre. Y fue ella la que puso las vallas que acotaron el espacio del coche en la Gran Vía por esas mismas fechas.

Muchos parkings privados han sido remunicipalizados y Bicimad, por último, tiene una de cal y una de arena: el servicio público de bicis eléctricas se ha rescatado con evidente éxito (la sociedad gestionaria estaba en quiebra), pero la cantidad abonada (menos de 11 millones) ha desembocado en una comisión de investigación más larga que la que se creó para investigar el sobrecoste de la M-30 (10.000 millones de euros en total).

Harta de Bicimad

“El otro día intervino en la comisión de Bicimad y se notó que estaba muy volcada en Madrid Central. Su argumentación fue desorganizada y chapucera. Me dio hasta pena”, dice alguien del PSOE. “Está harta de la comisión de Bicimad, porque Bicimad es un triunfo claro. Para empezar, las bicicletas funcionan”, indican en su equipo.

El reto que viene el día 30 es mayúsculo. Miles de conductores van a estar cabreados y la oposición va a tratar de retratar al equipo de Cibeles con los atascos generados. Lo que está claro es que habrá un antes y un después del 30-N, una obra solitaria de la concejala más ecologista.