El juez procesa a los tres terroristas que estaban en prisión por el doble atentado de Cataluña

Driss Oukabir, uno de los doce miembros de la célula de Ripoll, durante su traslado a la Audiencia Nacional.

El juez que investiga el doble atentado yihadista de Cataluña ha acordado el procesamiento de los tres integrantes de la célula terrorista que permanecen en prisión preventiva desde agosto de 2017. El titular del Juzgado Central de Instrucción 4 de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, concluye que los investigados formaban parte de un grupo radicalizado cuyo objetivo era “llevar a cabo atentados contra los considerados ‘sus enemigos’, es decir, el mundo occidental”.

En concreto, el magistrado enviará a juicio a Mohamed Houli Chemlal y Driss Oukabir por integración en organización terrorista, delito de fabricación, tenencia y depósito de explosivos y delito de estragos en grado de tentativa, mientras que Said Ben Iazza es procesado por colaboración con organización terrorista. El instructor fija para ellos una fianza de un millón de euros para garantizar las responsabilidades pecuniarias a las que puedan ser condenados en el futuro.

Oukabir fue la persona que alquiló la furgoneta con la que Younes Abouyaaqoub atropelló a decenas de viandantes en La Rambla, Chemlal era el titular del pasaporte hallado en el interior del vehículo que atropelló a decenas de personas en el céntrico paseo barcelonés e Iazza prestó su documentación para comprar los componentes necesarios para la fabricación del explosivo conocido como la ‘Madre de Satán’.

En un auto notificado este miércoles, Andreu describe a los tres procesados como integrantes de un grupo estructurado constituido dos años antes de la masacre y del que formaban parte los otros siete miembros de la célula que murieron en las localidades tarraconenses de Cambrils, Alcanar y Subirats. De origen marroquí, residían en la localidad gerundense de Ripoll y, bajo la dirección espiritual del imán Abdelbaki Es Satty, se conjuraron para “realizar uno o varios atentados de grandes dimensiones, mediante el uso de artefactos explosivos, a fin de coadyuvar a la estrategia terrorista de la organización terrorista Daesh”. Es Satty ejercía el papel de adoctrinador.

La célula dio un paso decisivo tres meses antes de que se produjera la explosión del chalé que ocupaban en Alcanar, empezando a adquirir material y a fabricar explosivos para la ejecución futura de una acción terrorista. Según el instructor, ese grupo estaba ya cerrado y “nadie más tuvo acceso”, alejándose incluso de los familiares ante la nueva etapa que habían iniciado. “La vida de cada uno de ellos pasó a desarrollarse exclusivamente junto a la de sus compañeros de grupo, compartiendo vivienda, comidas, viajes y, por ende, participando en la fabricación de  los explosivos o bien colaborando en la planificación de los atentados”.