Plásticos de polo a polo

Una mujer rebusca botellas de plástico en el basurero de Akouedo, en Abiyán (Costa del Marfil) el 29 de mayo de 2018.

Toda la pureza que desprende la Antártida se descompone a la luz de un laboratorio y una cruda realidad: “Los hábitats más remotos de la Antártida están contaminados con residuos de microplásticos y de sustancias químicas peligrosas persistentes”. Lo asegura Pilar Marcos, responsable Área de Biodiversidad de Greenpeace España; una investigación realizada por la Universidad de Exeter ha detectado, en muestras tomadas de la superficie del océano Antártico, a principios de este año, microplásticos tales como microfibras (al menos una pieza de microplástico por cada muestra de un litro).

Este análisis proporciona información valiosa sobre la contaminación en esta región. Frida Bengtsson, bióloga marina y miembro de la campaña que demanda la creación de un Santuario Antártico, un área marina protegida en el océano, asegura que durante la fase de muestreo fueron “testigos de todo tipo de desechos de la industria pesquera: boyas, redes y lonas flotando en icebergs, algo realmente triste de observar. Aunque los sacamos del agua, esto evidencia la necesidad de proteger de la actividad humana este océano y su increíble vida salvaje”.

Toma de muestras en la Antártida. Greenpeace

El polo norte no se libra tampoco de la contaminación por plásticos, ya que las corrientes marinas se han encargado de llevar al Ártico nuestros desechos plásticos. Según un informe de la FAO hecho público esta semana se calcula que en los océanos flotan actualmente unos 5 billones de trozos de plástico.

La situación está empezando a calar entre los legisladores. La Comisión Europea ha puesto en marcha una estrategia para limitar el impacto de los plásticos en el medioambiente, con el objetivo de que todos los envases de ese material producidos en la Unión Europea (UE) en 2030 estén diseñados para que puedan ser reciclados o reutilizados. El vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans, llegó a afirmar, durante la presentación de esta estrategia que “si no cambiamos de política, en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar”.

El alcance de los plásticos está ya en los alimentos que consumimos. Un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), presentado esta semana ha detectado restos de microplásticos muestras de sal, mejillones, almejas, chirlas, langostinos, langosta y gambas., Hasta en 102 alimentos de origen marino han detectado microfibras y microfilms.

Basura en el fondeo del mar. Jurgen_Freund / WWF

La trampa del Mediterráneo

La organización ecologista WWF publica, con motivo del Día Mundial de los Océanos, un estudio sobre la concentración de plásticos en el Mediterráneo en el que asegura que representan el 95% de los residuos que flotan en este mar y acaban en sus playas. Según la organización conservacionista la mayor parte de este plástico acaba en el mar proveniente de Turquía y España, seguidos de Italia, Egipto y Francia, países donde los turistas incrementan la basura marina en un 40% cada verano.

El informe de WWF destaca que los microplásticos han alcanzado niveles récord de concentración: 1,25 millones de fragmentos por kilómetro en el mar Mediterráneo, un nivel casi cuatro veces superior al de la “isla de plástico”, en el Océano Pacífico.

“En Europa, producimos una enorme cantidad de residuos plásticos, la mayoría de los cuales se envían a vertederos y, como resultado, millones de toneladas de plásticos acaban en el mar Mediterráneo cada año. Este flujo contaminante, combinado con el hecho de que dicho mar esté semicerrado, ha provocado que los niveles de concentración de microplásticos hayan alcanzado un récord, amenazando a las especies marinas y a la salud humana”, destaca Giuseppe Di Carlo, director de la Iniciativa Mediterránea Marina de WWF.