Los guardianes del subsuelo

El oficial de Policía Juan Cózar, inspeccionando una galería de servicios en Madrid.

Llevan pistola como cualquier policía, pero sus principales armas son otras: detectores de gases, linternas antideflagrantes, trajes impermeables, equipos de protección respiratorio, gafas, arnés, guantes y cascos. Es el equipamiento habitual de los agentes que integran la Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental de la Policía Nacional, un grupo formado por unos 200 funcionarios repartidos por toda España que realizan un trabajo prácticamente invisible para el ciudadano pero que resulta fundamental para garantizar la seguridad en las ciudades.

No se ha inventado todavía el drone que permita inspeccionar desde la superficie con total garantía las galerías de servicios, los colectores y los túneles subterráneos que existen bajo el asfalto de las ciudades y por los que discurren kilómetros de cables, tuberías de agua e instalaciones de telecomunicaciones que dan servicio a las viviendas, de modo que siguen siendo policías los que se encargan de bajar al subsuelo para reforzar la seguridad ante acontecimientos relevantes, evitar que delincuentes puedan acceder a negocios mediante butrones, conjurar el riesgo de sabotaje de infraestructuras o buscar eventualmente un cadáver que hayan podido esconder en espacios confinados.

Dependiente de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana, se trata de una unidad especializada cuyo origen se remonta a 1958 en Madrid. Sus fines siguen estando vigentes en gran medida: complementar los dispositivos de seguridad para altas personalidades y edificios emblemáticos, y prevenir el robo de materiales de conducción de las redes de distribución eléctrica, telefónica y de agua potable.

“Hacemos inspecciones tanto de rutina como en dispositivos que se establece para actos relevantes, realizamos estudios del subsuelo y nos encargamos de analizar el potencial de riesgo que tienen los edificios bajo rasante. Nuestro trabajo también puede consistir en la búsqueda del cuerpo del delito cuando se presume que pueda estar en espacios confinados, como pozos y otros lugares de difícil acceso”, resume el jefe de sección de la unidad, centralizada en Madrid pero con efectivos distribuidos en 14 jefaturas superiores del país.

La Unidad de Subsuelo de la Policía Nacional, cuyo origen se remonta a 1958, está integrada por unos 200 agentes repartidos por todo el país

El Independiente ha acompañado a un equipo de la Unidad de Subsuelo en una inspección rutinaria a una galería de servicios -un túnel de escasa profundidad que aloja conducciones de agua potable, electricidad y telecomunicaciones- y a un colector en Madrid, cuyas entrañas conocen estos agentes casi al milímetro. “Tenemos documentado lo que hay, cómo es y una valoración del riesgo. Tenemos estudios de seguridad de casi todos los espacios relevantes, como hoteles en los que se alojan las personalidades, museos, restaurantes, ministerios en los que se reúnen…”, señala el inspector jefe.

Entre los agentes adscritos a esta unidad hay varios delineantes, que son los encargados de elaborar planos detallados de toda la red de galerías con los datos que otros funcionarios toman de forma precisa bajo tierra. Ello permite saber con una gran exactitud qué se van a encontrar cuando abran la tapa de la alcantarilla para acceder al interior de un colector o la trampilla para bajar a una galería de servicios. Otros ojos ya pasaron antes por allí y lo describieron previamente para que quedara documentado.

“Tenemos estudiado todo el subsuelo de Madrid”, refuerza el oficial de Policía Juan Cózar, uno de los jefes de equipo, mientras revisa la instalación subterránea de trazado circular existente en la madrileña plaza de San Bernardo por la que discurre un enjambre de cables y tuberías. En el recorrido, en el que puede leerse el rótulo con el nombre de las calles que discurren por arriba, los agentes se cruzan con operarios de la empresa de aguas Canal de Isabel II y a los que piden la identificación para comprobar que su presencia en la galería está justificada por la realización de trabajos de mantenimiento en la red.

Inspecciones rutinarias, dispositivos especiales ante visitas de mandatarios y búsqueda de cadáveres en espacios confinados, entre las labores que realizan

En otras ocasiones, no son inspecciones de rutina -a las redes de saneamiento no se baja cuando llueve, ya que si el colector entra en carga puede arrastrar a los agentes y provocar su ahogamiento- sino el desarrollo de dispositivos de seguridad que se establecen en caso de grandes eventos, visitas de personalidades o la celebración de partidos de fútbol. Lo más inmediatamente posible a la celebración del acto, policías nacionales de esta unidad acceden al subsuelo a través de las tapas de las alcantarillas -de unos 60 centímetros de diámetro- para recorrer las instalaciones transitables y comprobar que no hay nada ni nadie que pueda perturbar su desarrollo.

Todos los funcionarios adscritos a esta unidad reciben un curso de formación de un mes para adquirir los conocimientos específicos imprescindibles y realizan su trabajo siguiendo un estricto protocolo en prevención de riesgos laborales, a fin de minimizar el riesgo de sufrir algún accidente que pueda comprometer su integridad física dado el escenario en el que se desenvuelven -los colectores que revisan suelen ser de 65 centímetros de ancho y no más de 1,70 de alto y a los que se acceden deslizándose a través de un cabestrante o winch– y los contratiempos que pueden aparecer.

Nunca desciende un agente en solitario. Bajan dos policías y otros, con los que se comunican a través de walkie-talkie, dan cobertura en la superficie. No falta nunca el detector de gases, ya que la descomposición de la materia orgánica puede generar sulfídrico o metano. También utilizan botas con punteras reforzadas, cascos para evitar golpes en la cabeza o eventuales desprendimientos y gafas, entre otros elementos individuales de seguridad.

“Pensar lo mínimo”

“Dedicamos bastante tiempo a la práctica, porque reduce sensiblemente los accidentes y permite adquirir un movimiento mecánico del trabajo. Si tienes que utilizar un equipo de respiración autónomo, los agentes saben montarlo y desmontarlo con los ojos tapados. Eso es lo más parecido a un colector, donde no hay visibilidad. Y, ante la presencia de gas tóxico, eso te puede salvar la vida”, explica otro jefe de grupo. Y añade: “Se trata de tenerlo todo mecanizado para que tengas que pensar lo mínimo”.

La Unidad de Subsuelo es también en muchos casos el último recurso cuando una persona lleva tiempo desaparecida y hay indicios que llevan a pensar que el cadáver o el arma del delito pueden estar escondidos en lugares de difícil acceso. Ello explica la participación de agentes de esta unidad en el dispositivo policial que en marzo de 2012 se estableció en el río Manzanares en busca de los restos de algunas de las víctimas del grupo conocido como los ‘Tigres de Arkan’ o -el grupo adscrito a la Jefatura Superior de Policía en Andalucía Occidental- en la búsqueda del cuerpo sin vida de la joven sevillana Marta del Castillo en el río Guadalquivir.

Futuro y tecnología

El avance de la tecnología les ha permitido dotarse de mejores medios para llevar a cabo su trabajo en condiciones reforzadas de seguridad, pero no se ha inventado todavía el sistema que permita a una máquina sustituir al agente en galerías y colectores con las mismas prestaciones. “Se habla de drones en el subsuelo, pero yo no sé hasta qué punto… Las cámaras te dan una visión en dos dimensiones de las cosas y hay veces que dices: ‘Parece’. A nosotros eso no nos sirve, sólo la palabra ‘es’. En muchas ocasiones, se tarda más en el montaje de aparatos para ver en el subsuelo que en bajar. El drone será práctico siempre y cuando se tarde menos que bajando. El tiempo también es importante”, añade el jefe de sección.

De momento, a la espera de la tecnología desarrolle un equipo que permita llevar a cabo las revisiones desde la superficie y sortear las telarañas sin que hagan caer el drone en el interior de un colector, los agentes de Subsuelo siguen justificando con su trabajo la necesidad de que esta unidad siga existiendo décadas después de su nacimiento. “Si sabes que en la viña hay un perro que muerde no te acercas, pero si sabes que el perro ya no está la valla no es tan alta”, concluyen.