Guns n’ Roses: La última banda peligrosa del rock

Desde que empezaron en la primavera de 2016 su lucrativa gira de reunión, Guns n’ Roses están tan centrados en que la máquina registradora siga sonando (¡clin clin!) que no han protagonizado ni un pequeño altercado e incluso salen al escenario puntuales. En su regreso al Vicente Calderón de Madrid en junio de 2017 después de 24 años incluso aparecieron cinco minutos antes para pasmo de los 55.000 asistentes… Lo nunca visto.

Pero es que en este Not in this Lifetime Tour no tienen cabida los excesos de antaño. No tienen sentido alguno, de hecho, después de que los principales implicados firmaran la paz y junto al vocalista Axl Rose, único miembro fundador en los largos años de travesía del desierto, ahora están de vuelta el guitarrista Slash -fuera desde 1996- y el bajista Duff McKagan -fuera desde 1997-. Faltan los otros dos originales, el guitarrista Izzy Stradlin y el batería Steven Adler, pero a eso ya se han acostumbrado los fans, que siguen bendiciendo al triunvirato llenando estadios literalmente por todo el planeta por tercer año consecutivo.

Poco o nada tienen que ver con aquellos post-adolescentes que convivían juntos entre la mugre en West Hollywood rodeados de strippers, traficantes y maleantes de todo pelaje

Claro que Axl Rose (1962), Slash (1965) y Duff (1964) son ya cincuentones acomodados y poco o nada tienen que ver con aquellos post-adolescentes que convivían juntos entre la mugre en West Hollywood rodeados de strippers, traficantes y maleantes de todo pelaje. Porque en el principio de los tiempos, allá por 1985, Guns n’ Roses fueron una panda de cuatreros antes de ser una banda. Desafiando al orden establecido, pasando de normas y compartiendo techo, víveres, bebidas, drogas, mujeres… todo. También el sueño de triunfar juntos.

En el libro Watch you bleed: The saga of Guns N’ Roses, Izzy revela que por una temporada vivieron en un tugurio al que llamaban muy elocuentemente la Casa Infernal (tuvieron otras varias ‘sedes itinerantes’ igualmente turbias como bases de operaciones): “Vendíamos drogas, vendíamos chicas. Si uno de nosotros estaba en el apartamento y estaba haciendo el amor con una chica, nosotros sacábamos lo que podíamos de su bolso”.

El guitarrista Slash también rememora aquellos años y, aparte de enumerar historias delirantes en una autobiografía, profundiza en la idea de familia que les hizo fuertes: “Éramos un grupo estrechamente asociado por motivos sociales y por conducta canallesca. Teníamos gustos e intereses mutuos y nos asociábamos con propósitos criminales o antisociales. Nuestra voluntad de grupo nos llevó al éxito en nuestros propios términos pero no facilitó el viaje”.

Este concepto de colectivo unido y cerrado se tradujo en conciertos salvajes, todos los vicios imaginables y una reputación pendenciera ganada a pulso con no pocas peleas en plena actuación en los garitos del Strip de Hollywood durante los locos inicios en 1985 y 1986. Axl Rose llegó a golpear desde el escenario con el pie de micro al cantante de otro grupo que estaba entre el público, y esta actitud violenta no cambió cuando lanzaron su aclamado primer álbum, Appetite for Destruction (1987), pues aquel mismo año el cantante acabó arrestado después de bajarse de las tablas y pegar a un guardia de seguridad en Atlanta. Al final tuvo que declararse culpable y pagar una multa, aunque no volvió a la ciudad hasta 2006.

También en 1987, el grupo protagonizó una entrevista en MTV que no les motivaba en absoluto, por lo que en algún momento decidieron tácitamente que había que destruir el plató. Así lo relata Slash: “Axl respondió las preguntas de la entrevista. Yo me quedé sentado en silencio como todos los demás. Cuando el programa estaba a punto de acabar, arrasamos todo en diez minutos. No volví a pensar en ello hasta que vi el programa un par de semanas después. Parecíamos un grupo de zombies salvajes salidos de ’28 días después’. Allí estábamos, abriéndonos paso hacia la conciencia del público”.

La leyenda de los años locos de la banda siguió creciendo cuando Slash y Duff se presentaron borrachos en los American Music Awards en 1990

Convertidos en la última gran banda del rock gracias a clásicos como Sweet child o Mine o Welcome to the Jungle, Guns n’ Roses abrieron cuatro noches para los Rolling Stones en 1989 en el Coliseum de Los Ángeles. La primera de ellas, Axl pronunció unas palabras desconcertantes: “A menos que ciertas personas de esta banda superen sus mierdas juntas, estos serán los últimos conciertos de Guns n’ Roses. Porque estoy cansado de que haya demasiada gente en esta organización bailando con Mr. Brownstone -canción sobre la heroína-“. Por si fuera poco, el vocalista quería que Slash pidiera disculpas públicas por ser un adicto, algo que hizo en el siguiente concierto, como él mismo recuerda: “Cuando le comunicaron a Axl que me había disculpado ante el público, al fin aceptó salir del camerino”.

La leyenda de los años locos de la banda siguió creciendo cuando Slash y Duff se presentaron borrachos en los American Music Awards en 1990 y el guitarrista pronunció un discurso repleto de fucks antes de sacar su dedo corazón a paseo. Así lo recuerda Slash: “Tambaleante, me puse a dar las gracias a todo el mundo intercalando incontables joder hasta que me cortaron el micro. Seguí hablando, nos llevaron al backstage para unas fotos y una rueda de prensa. Me lo estaba pasando bien y enseñé a todos el dedo corazón. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa, gracias a mi instauraron el delay de siete segundos en estas galas. No volvieron a invitarme en años”.

Disturbios incontrolables

Una anécdota inocente si la comparamos con lo acontecido el 2 de julio de 1991 en St Louis, donde Axl se arrojó desde el escenario contra alguien del público que estaba haciendo fotos sin su permiso. El recital acabó con el cantante abandonando el escenario precipitadamente, aunque ese fue en realidad el comienzo de una noche funesta en la ciudad con unos mastodónticos disturbios con decenas de heridos y miles de dólares en daños. Aparte de 50.000 dólares de multa, esta noche le costó al cantante un arresto y un juicio en el que el Tribunal del Estado de San Luis le declaró culpable por alteración del orden público e incitación a la violencia. Su respuesta fue un “Fuck you, St. Louis!” en las notas de los discos Use your illusion I y II, que vieron la luz en septiembre de aquel año.

La popularidad no consiguió domar ni un ápice a unos Guns n’ Roses fuera de control, aunque las salidas de tono de Axl Rose, delincuente juvenil en su Indiana natal, ya empezaban a quebrar la idea de colectivo. Y es que la historia de St. Louis se repitió en agosto de 1992 en Montreal cuando en una gira conjunta con Metallica, el vocalista y guitarrista James Hetfield sufrió graves quemaduras por unos fuegos artificiales que eran parte de su espectáculo, obligando a detener su actuación.

Si Guns n’ Roses hubieran salido antes de tiempo para calmar a las fieras y cubrir a sus compañeros nada habría pasado, pero aparecieron en el escenario con tres horas de retraso (costumbre habitual de Axl por aquel entonces). Por si fuera poco, Rose cortó la actuación cuando llevaban una hora por problemas en su garganta. El gentío ya había tenido suficiente y esta fue la gota que colmó el vaso: empezó la revuelta con heridos, detenidos y miles de dólares en destrozos en las calles. El pánico hecho rock, en definitiva. Otra vez.

Aún hay muchos más episodios de locura, como el protagonizado solo un mes después tras un concierto en Oakland por Slash, quien llegó a estar clínicamente muerto: “Le dimos con ganas hasta quedar colocadísimos. Me levanto, me tiemblan las rodillas, la cabeza me da vueltas… Salgo de la habitación, arrastro los pies por la moqueta. Veo a una señora de la limpieza y pregunto por el ascensor, pero escucho mi voz muy lejana. Caí al suelo del pasillo como un muñeco. Perdí el conocimiento y mi corazón se detuvo durante ocho minutos… Me desperté cuando los desfibriladores me golpearon el pecho y recargaron mi corazón para que pudiera latir. Recuerdo la luz intensa en mis ojos y un círculo de gente a mi alrededor”.

La guinda a esta historia para nada jocosa la puso Axl con una frase, con la que Slash finiquita su relato en sus memorias y que ya indicaba que la banda no podía durar mucho más, devorada por el delirio del éxito y los excesos: “Nos has dado un buen susto, pensábamos que habías muerto. Creí que tendría que buscarme un nuevo guitarrista”.

No se lo buscó ese mismo día, aunque seguro que empezó a pensar en la posibilidad. Aquella gira interminable que duró desde 1991 hasta 1993 presentando los discos Use your illusion estuvo cerca varias veces de descarrillar. Eran los forajidos más famosos del rock y en el tramo final por Sudamérica los fans les recibieron con excitación infinita. Axl Rose tuvo que detener varios conciertos por lanzamiento de objetos al escenario pero, esta vez, por fortuna para todos, mantuvo la calma pidiendo traductores para dirigirse al público y mostrándose conciliador. De lo contrario crear disturbios se hubiera convertido en una costumbre.

El último concierto de la etapa clásica de Guns n’ Roses tuvo lugar el 17 de julio de 1993 en Buenos Aires. Empezaba la travesía del desierto, la desbandada generalizada y la soledad de Axl Rose rodeado de mercenarios con la vuelta del grupo en 2001. Las malas costumbres seguían ahí y muy recordado es el concierto del grupo en el Auditorio del Parque Juan Carlos I de Madrid en 2006, cuando tras dos horas de retraso las más de 10.000 personas allí congregadas optaron por arrancar los asientos y lanzarlos al escenario mientras otros asaltaban las barras. La enésima situación de riesgo que se salvó cuando la música empezó a sonar.

Todas estas actitudes forman ya parte del pasado ahora que los tres miembros principales y carismáticos parecen en paz con ellos mismos y unos con otros. Todas estas historias forman ya parte de la leyenda del rock, que tuvo en los jóvenes Guns n’ Roses a los últimos de una estirpe: La de los rockeros forajidos que lo arrasaban todo a su paso.