El papel del asesor: el triunfo de buenos líderes y buenas personas

España no ha sido un país en el que, hasta ahora, la función y el papel de los asesores externos en el campo político haya tenido un gran predicamento. Tan solo en los últimos años, individualidades como el archiconocido Pedro Arriola o, más recientemente, Iván Redondo, parecen haber puesto en el primer plano de los medios el trabajo de estos profesionales.

Es importante aclarar que, cuando hablamos de asesores, no sólo nos referimos al plano de la mera comunicación o del marketing político. No todos nos dedicamos solo a eso. Tan es así que yo siempre me defino, con carácter general, como un experto en liderazgo. Y no solo político. Mi trayectoria siempre ha estado ligada a la empresa privada porque soy un firme convencido de que, tener una visión global de la sociedad, de todos sus ángulos, ayuda a tener la mente y el corazón abiertos y muy poco encorsetados a las rigideces y ‘contaminaciones’ que, la exclusividad del mundo político, conllevan.

Grandes líderes, mejores personas

Mi lema más distinguido a la hora de asesorar a líderes es el de que no podrás llegar a serlo jamás si antes no eres una buena persona. Partiendo de esa basa, la clave del éxito en la labor de un asesor radica en identificar los puntos fuertes del candidato, sacarlos a la superficie y potenciarlos al máximo. Y, paralelamente, convertir sus puntos débiles en armas letales. Conseguir que estos dejen de ser un prejuicio. Pero siempre, no me cansaré de repetirlo, sobre una base en la que solo caben las buenas personas.

Lo diré de otra forma. Mi línea roja no son las ideologías sino los valores. Cuando alguien me pide que trabaje a su lado, no puede existir un ‘gap’ substancial entre mis valores y los suyos, entre mis principios y los suyos porque, solo en ese caso, directamente, me deja de interesar colaborar con él y ayudarle a conseguir sus objetivos. ¿Por qué? Pues porque, además de por lo que acabo de expresar, no me interesa, en absoluto, que llegue a gobernar un país, una institución o una empresa un líder sin valores, una mala persona. Odio a los tiburones y siempre he luchado contra ellos.

La importancia de la ética

Es un error, vuelvo a reiterarlo, considerar como una parte casi exclusiva del trabajo de un experto en liderazgo el entrenamiento enfocado únicamente hacia la proyección de sus mensajes en los medios. Esto es solo una parte. Pero dista mucho de ser el todo.

El éxito total de un líder se obtiene cuando su asesor de liderazgo ha sido capaz de trabajar con él a 360 grados

El éxito total de un líder se obtiene cuando su asesor de liderazgo ha sido capaz de trabajar con él a 360 grados. Y la comunicación no es más que un segmento del entrenamiento previo con una persona. Si tuviera que definir en una sola idea ‘la almendra’ de mi trabajo, ésta sería sin duda la de que, mi principal afán, es el de deshacer sus ‘nudos’ emocionales. Para proyectar el éxito, es imprescindible que tu cara refleje que vas a triunfar, que vas a ganar. Y esto tiene que ver con la comunicación y con el carisma, sí, pero especialmente con carecer de taras, limitaciones emocionales y prejuicios sobre uno mismo que llenarán de plomo las alas en la carrera hacia el triunfo.

El éxito de Pedro Sánchez, el ave Fénix de la política española, es un buen ejemplo de ello. Ya hablé en su día de sus cualidades, pero también de sus defectos, de sus limitaciones emocionales, de sus prejuicios, de sus debilidades. Su recorrido en estos dos últimos años, en los que ha dado un giro de 180 grados pasando de ser un ‘muerto político’ al gran líder de este país, no tiene gran cosa que ver con la comunicación. Él sigue siendo el comunicador que ya era, no ha tenido un ‘salto’ que le haya convertido en el político más carismático ni en el que mejores discursos construye. Lo que sí ha conseguido es no cometer los errores que antes sí cometía, y evitar proyectar las limitaciones que antes dejaba entrever. Ello, unido a una gestión óptima de su entorno, ha posibilitado que, las mismas cosas que antes le frenaban sean ahora sus mejores armas.

Alguien podría preguntar en este punto: ¿Qué es lo que más limita a un líder? ¿Familia, pareja, amigos, prejuicios de cualquier género? Sin duda, yo diría que estos últimos. Estoy en condiciones de decir que, no solo los líderes, TODOS, en general, tenemos una imagen de nosotros mismos que no suele ser la correcta. Todos somos fruto del camino que hemos ido recorriendo en la vida y que nos ha conducido al punto en el que estamos. Una senda normalmente repleta de prejuicios incorporados por nuestra educación, por nuestra familia o nuestro entorno y que nos ofrecen un ‘selfie’ engañoso. Suelo comenzar mi trabajo pidiendo a mis clientes que se definan, que se retraten… y esa foto que traen, casi siempre, es desmontada por mí. Les hago ver que, todo aquello que consideran sus defectos no lo son y que lo que tienen por habilidades o virtudes, a veces, tampoco lo son tanto. Ahí arranca mi labor; en conseguir construir una nueva foto. Una imagen más real y, desde luego, diferente a que el aspirante a líder tiene de sí mismo porque no sabe o no puede verla por sí mismo. Hasta que no sea capaz de gestionar esa ‘nueva realidad’, que para él permanecía oculta, aunque fuera evidente para los demás, no podrá crecer. Qué duda cabe de que el recorrido que acabo de dibujar podría intentar hacerlo solo, pero lo normal es transitarlo de la mano de un tercero, de un profesional que no tiene por qué conocerle ni formar parte de su paisaje vital ya que, de esa forma, será aún mucho más objetivo y eficaz.

La discreción: la compañera indispensable del experto en liderazgo

Mi trabajo exige ser invisible. He ejercido en diversos países del mundo y he ‘colocado’ a directivos de primer orden, tanto en el sector financiero como en el farmacéutico o el del gran consumo, por citar algunos ejemplos. Jamás he hecho referencia, ni pública ni privada, a mis clientes. He contribuido al éxito de startups, hoy conocidísimas, pero nunca se me ha ocurrido referirme a mi papel en esos procesos de éxito empresarial. De igual forma que, como coach, nadie conoce el nombre de mis clientes. Ni en el plano político ni en el empresarial. La invisibilidad es imprescindible porque hay cosas que solo puedes saber y conocer tú y tus clientes. Esa discreción es exigible y extensiva a los equipos de los empresarios y de los políticos con los que trabajo. Entre otras cosas porque mi función no es estanca, sino que debe ir acompasada al ritmo de esos equipos con los que el alineamiento pleno es clave. Solo de esa forma los éxitos serán duraderos y no quedarán en un simple ‘destello’.

Esta reserva lleva también aparejadas unas ‘formas’ continuadas y tranquilas. A diferencia de otros asesores a mí no me gusta provocar terremotos. Odio las estridencias. Creo en el trabajo sereno, en el que aporta paz, dentro por supuesto de una lógica ambición, pero sana. Esto no quiere decir que conciba la función del experto en liderazgo como una carrera de fondo. A veces sí, pero existen ocasiones en las que no hay tiempo: pocas semanas -el supuesto típico es el de una campaña electoral- para aupar a un líder a la victoria o pocos meses en los que preparar a un alto directivo para dar el salto a la presidencia de la multinacional, por poner tan solo dos ejemplos. Estos son los casos en los que un asesor externo debe transmitir serenidad y no ansiedad para no conducir el proceso a un fracaso absoluto. Los terremotos, más los políticos, llevan aparejadas incontrolables réplicas. Algo nefasto, en mi opinión.

Las relaciones con los medios no son la labor de un asesor político

El respeto del asesor hacia los medios debe ser extraordinario. Precisamente por el papel jugado por la prensa en el éxito final de los políticos. En mi opinión, este es un papel que debe pilotar la dirección de comunicación del candidato, del partido o de la corporación, nunca el asesor. Este debe dar consejos, ofrecer alternativas o establecer pautas de trabajo sobre cómo su asesorado utiliza estos medios, se presenta ante la opinión, o se muestra en radio o en televisión y, por supuesto, en las redes sociales. Pero es importante tener claro que el experto no tiene que relacionarse -y menos aún maquinar- con el periodista. Dicho de otra forma; el trabajo del experto en liderazgo no es la presión mediática o la manipulación que otros asesores tal vez sí ejercen, y mucho menos el de quitar protagonismo a los equipos que ya están responsabilizados de esa tarea.

El político debe ser, antes que nada, FELIZ. Con la vida tan sacrificada que llevan, más en tanto en cuanto crece la responsabilidad a la que acceden, mal podrán desempeñarlo si no saben gestionar su vida privada y conciliarla con su parte pública. Esa es también otra parte, y no menor, de nuestro trabajo.