El puente que cruzó Eduardo Madina escuchando a Kortatu

Los puentes se hacen juntando dos orillas. Esto es lo que ha hecho Alfonso Zapico en su última novela gráfica, Los puentes de Moscú (Astiberri), con Fermín Muguruza y Eduardo Madina, ha unido desde sus respectivas orillas, sus historias familiares y personales, hasta que se han encontrado. En verdad, hasta que se encontraron. Esto ocurrió cuando Edu Madina entrevistó a Muguruza para la revista JotDown.

El puente se juntó en la plaza de Urdanibia en Irún, que es conocida popularmente como la plaza de Moscú. Allí quedaron el músico y ex líder de Kortatu y Negu Gorriak con el ex diputado socialista Eduardo Madina. Y con todo su ex, con todo el pasado que pusieron la reciente historia del País Vasco sobre sus espaldas y hablaron sobre política y música.

“Esa conversación la he usado para contar muchas cosas del libro”, dice Zapico que asistió al encuentro “acoplado, tomando notas y dibujando cosas de la casa de Muguruza”, donde se encontraron. El autor asturiano hace de esa conversación una crónica en forma de novela gráfica en la que va “tirando del hilo hacia atrás para que sea más fácil entender a los personajes”, explica a El Independiente.

Cruzando el puente de Zapico nos encontramos a un Madina adolescente escuchando la música de Kortatu, años antes de que la banda terrorista ETA le pusiera en su lista de objetivos. “Hablando de ellos dos y de sus antepasados estamos hablando de la historia del País Vasco de los últimos 80 años”, asegura Zapico. Una historia que está muy interconectada “el País Vasco no es tan grande, no están tan lejanos uno del otro, hay conexiones con personajes que han marcado lo que ha pasado en el País Vasco, pero también con gente que ellos conocían y con gente que los ha cruzado, como Julio Medem en el documental [La pelota vasca]”. O el propio Zapico, al que conocen por distintos motivos.

Durante la grabación de La Pelota Vasca Madina y Muguruza se encuentran por primera vez.

Durante la grabación de La Pelota Vasca Madina y Muguruza se encuentran por primera vez. El político le da su apoyo frente a un boicot que está viviendo el cantante por sus posiciones políticas. “Me cago en la hostia, ahí estabas tú solidarizándote conmigo, un año y pico después de que ETA casi te llevara por delante”, dice Muguruza en Los Puentes de Moscú sobre aquel momento. Zapico, que ha ido enviando las páginas que iba dibujando a los protagonistas, recoge una de las preguntas que hace Madina. Más que una pregunta es un pilar del puente. “El año de La pelota vasca dijiste que llevabas mucho tiempo diciendo que estabas en contra de la violencia de ETA, pero nadie te escuchaba”. Muguruza lo confirma y recuerda que a Medem lo “crucificaron por su documental”.

La trampa del absurdo

Cuando se tiende un puente hay que cruzarlo. El propio Zapico lo hace dentro del libro cuando empieza a darse cuenta, en tono reflexivo, que la muerte de Madina hubiera sido absurda. “Pensar que no es lógico matar a Edu Madina porque era un Chaval de 26 años que jugaba al vóley nos acerca peligrosamente a reconocer que matar a un Guardia civil sí lo es”. Y concluye: “No se puede buscar una lógica a lo que no la tiene. En el momento en el que alguien encuentra una lógica a este absurdo está cruzando la frontera”.

En esta crónica, con detalles de la historia de las últimas décadas, que entrelaza la vida de estos dos vascos de la mano de un dibujante asturiano, el absurdo cae también del lado del universo de Muguruza. El que era técnico de sonido de su banda es hermano de Yoyes, la ex líder etarra que tras abandonar la banda fue asesinada. “Mucha gente no conoce los entresijos de esta Euskadi tan complicada. Lo de Yoyes nos dejó tocados”, dice Muguruza.

Entre las cosas complicadas que se pueden hacer en Euskadi no está cruzar un puente. “El libro es un puente, por eso lo hemos hecho, para que lo cruce el mayor número de gente”, asegura Zapico. Pero hablando de “algo tan complicado y difícil de entender habrá gente a la que no le guste. Lo sabemos, lo esperamos y lo asumimos”, concluye. Ahí queda el puente.