Una abstención histórica empaña la mayoría absoluta del partido del presidente Macron

Emmanuel Macron, presidente de Francia, vota en las elecciones legislativas.

Comienza la era Macron. Primero conquistó el Elíseo y ahora el movimiento que fundó hace apenas 14 meses, la ahora llamada República En Marcha, desembarca en la Asamblea Nacional con una mayoría absoluta contundente. Ha logrado entre 373 y 403 del total de 577 escaños, según las proyecciones de la cadena BFMTV. Una abstención histórica de un 55,8% empaña esta excepcional victoria de Emmanuel Macron.

La participación fue de un 44,2% de los 47 millones de franceses convocados a votar, según el Ministerio del Interior. Sería una de las más bajas desde que existe sufragio universal en Francia, en 1848. “Muchos daban ya por jugado el partido en la primera vuelta y han considerado que no valía la pena votar ahora”, explica Laurent Neumann, editorialista político de la cadena BFMTV.

El partido de Emmanuel Macron, primero llamado En Marcha y rebautizado como la República En Marcha tras la victoria en las presidenciales, contaba con candidatos clasificados para esta segunda vuelta en 513 de las 573 circunscripciones en juego. Otras cuatro ya se decidieron en la primera ronda el domingo 11 de junio.

La República En Marcha, con una mayoría de candidatos representantes de la sociedad civil sin experiencia política, se ha llevado por delante el sistema de partidos tradicionales en Francia. Los Republicanos serán la principal formación de la oposición, tras lograr entre 107 y 127 escaños. Perderían un centenar de diputados. Macron desbarató a Los Republicanos con la designación de uno de los suyos, Edouard Philippe, como primer ministro.

Los socialistas se hunden hasta lo más profundo con una treintena de escaños. Eran el grupo mayoritario en la Asamblea saliente con más de 300 escaños, junto a sus aliados. El quinquenato de François Hollande y un doloroso proceso de primarias han dejado heridas profundas.

En primera ronda de las legislativas ya quedaron desbancados Benoît Hamon, candidato a la Presidencia, y el secretario general, Jean-Christophe Cambadélis, que presentó su dimisión nada más conocerse las primeras proyecciones. Según Cambadélis, “esta mayoría imponente de En Marcha no corresponde con la realidad del país”.

El Frente Nacional, que sólo contaba con dos representantes, tendrá entre cinco y siete diputados. Su líder, Marine Le Pen, cambiará Estrasburgo por París pero se queda lejos de contar con un grupo parlamentario (15 escaños). Es la primera vez que Marine Le Pen, con un 58,75% de los votos, se sentará en la Asamblea Nacional.

Le Pen criticó el sistema electoral, que penaliza la representación de su formación política. “Seremos una fuerza de resistencia del pueblo francés”, clamó Le Pen, tan combativa como en la campaña presidencial. Su número dos, Florien Philippot, artífice de la desdiabolización del Frente Nacional, resultó derrotado.

Seremos una fuerza de resistencia del pueblo francés”, dice Marine Le Pen, elegida por primera vez como diputada

La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon contará entre 22 y 27 escaños. Tendrá un grupo parlamentario, lo que supone mayores ingresos, y compite con los socialistas por ser la primera fuerza de la izquierda en la Asamblea. “La abstención aplastante tiene un significado. Nuestro pueblo se ha expresado. Esta abstención implica una energía dispuesta al combate”, señaló Mélenchon, que también prometió encarnar la resistencia social.

Desde el 23 de abril, cuando se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los franceses votan casi domingo sí, domingo no para elegir primero a su presidente y ahora la Asamblea Nacional. Pocos preveían hace apenas dos meses el desenlace: la irrupción de Emmanuel Macron y su movimiento, la República En Marcha, como un tsunami en la V República. Sin embargo, en esta segunda vuelta, sólo han votado cuatro de cada 10 franceses. La abstención ha sido histórica, de un 55,8%. Mayor que en las europeas.

El primer ministro, Edouard Philippe, lamentó la elevada abstención, que obliga a la mayoría presidencial “a la ejemplaridad”, aunque destacó que la victoria es “clara”. “Estamos obligados a no fracasar”, aseguró. Según Philippe, “los franceses han preferido la esperanza a la ira”.

“La abstención se explica por el agotamiento de los electores. Es como si Francia hubiera elegido un régimen totalmente presidencial y tuviera que confirmarlo una y otra vez.  Llevamos un año de campaña electoral desde las primarias de los candidatos presidenciales”, señala Yves Harté, editorialista del diario Sud-Ouest.

Estamos obligados a no fracasar”, afirma el primer ministro, Edouard Philippe, sobre la elevada abstención

Para Ángel Rivero, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, la elevada abstención “no es una anomalía y señala la situación de mal menor con la que se contempla el programa de Macron”.

“Han sido los jóvenes partidarios de Mélenchon y de Le Pen, así como las clases populares, y habitantes de las periferias las que se han quedado en casa porque no querían decantarse ni por un macronista ni por un republicano”, señala Emmanuel Rivière del instituto Kantar Sofres en Le Figaro.

Pese a esta sombra, con este triunfo, Emmanuel Macron, a quien pocos en Francia reconocían hace apenas tres años, consolida su vertiginosa conquista del poder. Para sorpresa de muchos el ex ministro de Economía de Hollande llegó a la segunda vuelta contra Marine Le Pen, a quien derrotó el 7 de mayo. Aún menos auguraban que su partido político, la República En Marcha, dominaría la Asamblea Nacional hasta el punto de dejar convertida en pura anécdota a la oposición.

“Francia no es Rusia”, clamaba Mélenchon en una entrevista en la cadena Europe-1 el viernes. “Vamos a tener menos oposición que en Rusia”, declaraba el líder de la Izquierda Insumisa, preocupado por la concentración de poder en Macron. “Va a terminar creyendo que puede caminar sobre las aguas”, añadía, en alusión a la portada de The Economist.

Sin embargo, el partido de Macron, en el que confluyen miembros de la sociedad civil novatos en lides políticas y algunos experimentados de la izquierda y la derecha, puede salirse del guión establecido. Si bien los nuevos diputados han sido elegidos en gran parte por la marca Macron, ahora pueden actuar con más independencia, en teoría, que en las formaciones antiguas.

La nueva Asamblea Nacional será más joven, por debajo de los 50 años, y se feminizará. Se calcula que un 40% de los diputados electos son mujeres, muchas de ellas del partido del presidente Emmanuel Macron, firme partidario de la paridad.

“Será muy difícil mantener la disciplina en este  partido tan nuevo, con gente que viene de izquierda y de derecha. Contar con la mayoría absoluta le facilita la gobernabilidad, pero será complicado mantener la unidad”, dice Pierre Rousselin, ex director adjunto de Le Figaro.

Coincide con esta visión el politólogo Serge Calam, quien destaca en Politico que “por primera vez la Asamblea se compondrá de políticos individuales que tendrán una voz propia que emana del voto del pueblo y la ejercerán de acuerdo a su propia conciencia, sin alinearse por obligación con un bloque político”.

Sin embargo, Rousselin destaca cómo con apenas un 15% del electorado, con este sistema de votación y debido a la abstención, se puede controlar un 65% de la Asamblea. “No representa la situación política, es una imagen distorsionada”, añade.

Está por ver cómo actuarán los nuevos diputados pero el presidente Emmanuel Macron cuenta con lo que buscaba, una mayoría presidencial para poner en marcha su plan de reformas. En breve se disolverá el gobierno y se volverá a formar sin grandes cambios, para lograr el visto bueno de la Asamblea. Los ministros que competían por un escaño han de ganarlo para seguir en el gabinete. Uno de los cuestionados por una investigación judicial, Richard Ferrand, ministro de Cohesión Territorial, superó esta prueba.

La Revolución Macron ha dejado de ser una visión teórica sobre cómo cambiar el sistema dentro del sistema para ser la hoja de ruta de uno de los presidentes con más poder de la V República.

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