Santuarios, el limbo de los primates torturados como mascotas

La chimpancé Manuela, en el centro de recuperación Rainfer

Guille es tuerto. Pasó sus primeros 12 años en una jaula de apenas 2 metros cubierta por un plástico que no permitía entrar la luz. Sin espacio, vivía sobre sus desechos. Le alimentaban con refrescos, golosinas, patatas y bollos. Es un chimpancé irrecuperable. Es uno de los 130 primates que viven en el refugio Rainfer, en la sierra de Madrid. En su mayoría provienen de circos y particulares que los compraron en el mercado negro como mascotas. Llegan en pésimas condiciones físicas, atrofiados, con mutilaciones y trastornos mentales. Jamás podrán regresar a la naturaleza. Algunos nunca la han conocido.

“Si no llegan con patologías muy fuertes tardan en recuperarse psicológicamente de 10 meses a un año”, explica a El Independiente Marta Bustelo, responsable del centro. Guille tardó dos años en perder el pánico a los espacios abiertos. Le miramos, confiado, trotando y ululando en el enorme recinto que hoy es su hogar. Tarzán demoró 9 años en superar su agorafobia. Tenía unos 10 años cuando llegó procedente de un circo. La dermatitis cubría su cuerpo y se rascaba sin cesar. Sufría una grave depresión que le mantuvo sin apetito. Su estado llegó a ser muy crítico.

Los individuos recién rescatados suelen tener problemas de desarrollo y desequilibrios metabólicos por la mala alimentación. El orangután Boris, por ejemplo, tiene diabetes y las patas raquíticas. El exceso de azúcar a lo largo de toda su vida hizo mella en su metabolismo. En los años ochenta una pareja lo compró al zoo holandés de Rhenen cuando era una cría. Lo utilizaron durante años para hacer espectáculos. Cuando dejó de ser manejable y útil, lo vendieron. Pasó por dos zoológicos hasta que en 2008 llegó a Rainfer tras la clausura de un zoo de Valencia.

Tras una ligera recuperación física viene lo más complicado, integrarles en uno de los grupos del santuario para que inicien su nuevo recorrido emocional. Los veterinarios y cuidadores del centro eligen su ubicación en función del carácter y de las jerarquías. “Observamos su conducta durante un tiempo y cuando los animales están preparados se les incluye en el grupo de forma paulatina. Primero permitimos un contacto solo visual. Pueden verse pero no tocarse y así evitamos ataques. Vamos quitando las mallas de conexión poco a poco, primero caben solo los dedos… y si va todo bien les dejamos entrar por completo en contacto”, relata. No siempre lo consiguen. Carla es un mono de Vervet que nunca ha podido integrarse. “Llegó hace 20 años. Es muy agresiva, ataca a todos. Seguiremos intentándolo”, asegura.

Cuando crecen emergen los instintos naturales salvajes, que se agravan con los trastornos psicológicos por el cautiverio

Comprar y vender primates como mascotas es un delito. Está prohibido por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). “Tener un animal como estos en casa es una locura. La gente no es consciente del problema tan grave que está metiendo en su casa. Estos animales pueden transmitir enfermedades al venir directamente de la libertad. Son portadores muchas veces de hepatitis y herpes virus mortales para las personas”, ilustra la especialista. Lo más peligroso son “los ataques. Llegan a los hogares siendo unas crías pero en cuanto empiezan a crecer salen esos instintos naturales salvajes, que se agravan con los trastornos psicológicos que han ido desarrollando durante el cautiverio”, explica.

El tráfico de especies protegidas es el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, después del tráfico de armas y drogas. Según la CITES, entre 2005 y 2014 se incautaron 450.000 primates vivos en el mundo, en su inmensa mayoría procedentes de Asia. Iban a ser vendidos como mascotas, para espectáculos circenses o a laboratorios, nunca europeos.

Las verjas de los recintos donde viven los primates de Rainfer están electrificadas. “Para que ellos no las rompan y porque tenemos miedo a los robos. Los primates se venden en el mercado ilegal por cifras que superan los 40.000 euros. Los compran particulares. Hay mucho reclamo. No hay visita que venga que no nos diga que conoce a alguien que tiene algún primate como animal de compañía”, recuerda.

Los macacos de Berbería son la actual mascota de moda. Son los típicos monos de del Peñón de Gibraltar que atraen turistas. “No hay control en aduanas y se calcula que llegan unas 300 crías al año”, contabiliza. Están en peligro de extinción. Quedan alrededor de 8.000 individuos en estado salvaje; viven tan solo al norte del desierto del Sáhara.

Macacos de Gibraltar, la mascota de moda

Macacos de Gibraltar Affenvater mit Sohn

Cuando un animal es incautado por el Seprona o CITES, por vivir en malas condiciones o proceder del tráfico ilegal, pasa a ser propiedad del Estado. En el caso de los chimpancés, orangutanes, macacos, lémures y demás primates, se ceden a un centro de acogida privado, como Rainfer. Por su colaboración reciben unas exiguas aportaciones que no alcanzan ni para cuidar un par de ejemplares durante un año. Pero los primates son animales longevos, un chimpancé vive unos 40 años. Están prácticamente abandonados por la Administración.

Mantener un chimpancé cuesta unos 4.000 euros al año sin medicación ni controles, solo alimentación y cuidados. Un macaco menos de un tercio. Un titi, unos 150 al año. “En invierno gastamos unos 4000 euros al mes en gasoil para la calefacción. No pueden salir al exterior por el frío. Necesitan alcanzar temperaturas estables de 23 grados en los dormitorios”, explica. Rainfer se financia con donaciones, cursos y visitas de escolares. “No estamos esperando a un gran mecenas. Con que 12.000 personas pusieran un euro al año tendríamos para mantenernos”, indica.

El tráfico de especies protegidas es el negocio ilegal más lucrativo, después del tráfico de armas y drogas

Desde hace un año y medio no acogen a más primates. No hay dinero ni espacio para mantener nuevos ejemplares. Cuando estos refugios no pueden acogerlos, se sacrifican o se dejan en depósito con su mismo maltratador. “Sabemos de casos que llevan así 15 años”, apunta Bustelo. “Nosotros controlamos la natalidad. Hacemos vasectomías. No tiene sentido estar criando y ocupar espacio y recursos porque en el futuro pueden aparecen otros animales necesitados. Además, que nazcan en cautividad tampoco nos parece adecuado”, comenta.

En España hay otros dos centros de rescate, además de Rainfer. La Fundación Mona acoge a 14 chimpancés y a 4 macacos. Menos del 1% de su presupuesto proviene de estamentos públicos. Se mantiene gracias a los cursos que imparten sobre comportamiento animal, un máster en primatología y las visitas. En un año moverán sus instalaciones a otro lugar con más espacio para acoger nuevos animales necesitados. El tercer centro que hay en territorio español es Primadomus. Forma parte de la asociación holandesa AAP de acogida de mamíferos exóticos. Rescata animales españoles pero todo su presupuesto proviene de los Países Bajos.

Los primates rescatados vivirán siempre en este limbo de cuerdas, rejas y hormigón. Sus almas están demasiado rotas para regresar a la naturaleza. La chimpancé Manuela nos lanza besos tras la valla. Es la más equilibrada del centro. Llegó inocente, con 15 días de vida. Conmueve ver cómo aprecia a los mismos que podrían haberla torturado, vejado y mutilado.

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