Los laboristas ganan terreno a May, que está lejos de la mayoría

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May.

Tras las generales del 2015 y el referéndum sobre el Brexit del año pasado, los británicos han vuelto por tercera vez a las urnas en dos años este 8 de junio. La primera ministra, Theresa May, anticipó los comicios tres años, porque creía que los tenía ganados de antemano.  Los conservadores serán el primer partido en Westminster, pero pierden votos, escaños y la credibilidad de May como líder queda seriamente cuestionada. Con 619 escaños de 650 asignados, los conservadores cuentan con 298; los laboristas, 254; el SNP escocés, 34; los liberaldemócratas, 12 y los unionistas norilandeses (DUP), 10.  El UKIP pierde su único escaño en Westminster y tampoco contarían con representación los Verdes.

Según la proyección de la BBC, basada en el recuento de 600 de las 650 circunscripciones, los conservadores, gracias a May, se quedarían por debajo de la mayoría absoluta con 318 escaños (tenían 331) y los laboristas liderados por Jeremy Corbyn lograrían finalmente 262 escaños y partían de 232. Estos resultados anticiparían un hung parliament (parlamento colgado, sin mayorías) y forzarían a los conservadores a buscar aliados, o bien a los laboristas a intentar un gobierno alternativo.

Theresa May, que convocó el 18 de abril elecciones anticipadas con la idea de lograr un mandato masivo a su gestión del Brexit, ha fracasado estrepitosamente. Tras lograr su escaño en Maidenhead, compareció públicamente y aseguró que “en este tiempo, más que ninguna otra cosa, el país necesita estabilidad y si los conservadores han ganado en escaños, y probablemente en votos, van a garantizar la estabilidad”.

En esta ocasión May no personalizó con lo que abre la vía a que no sea ella quien se encargue de realizar esta misión. El ex ministro de Finanzas George Osborne ya insinuó que sin mayoría May debería irse. Osborne añadió que el programa conservador era “uno de los peores de la Historia”.

El líder laborista, Jeremy Corbyn, que también revalidó su escaño en Islingon North, pidió la dimisión de May. “Hemos cambiado la cara de la política británica, la gente ha dicho basta a la austeridad”, señaló Corbyn, que partía en abril a más de 20 puntos en los sondeos de los convervadores. “La primera ministra convocó las elecciones porque quería un mandato. El mandato que ha logrado es que los conservadores han perdido escaños, apoyo y confianza”, dijo. “Creo que es suficiente para que se vaya”, añadió.

A falta de una decena de escaños para la mayoría absoluta, los tories necesitarían el apoyo de los unionistas (DUP, 10 escaños) de Irlanda del Norte, los más afines, que ya han tendido la mano al partido ganador. Los liberaldemócratas se han desmarcado “de pactos y acuerdos”. Muy significativa fue la derrota del ex viceprimer ministro, Nick Clegg, que no logró conservar su escaño. Clegg señaló que el país está “profundamente dividido”.

La líder escocesa, Nicola Sturgeon, calificó como “desastrosos” los resultados de May, y trató de quitar hierro a la pérdida de escaños de su formación nacionalista, aún así mayoritaria en Escocia. Ha reconocido que hay que reflexionar sobre un segundo referéndum de independencia. El ex líder nacionalista Alex Salmond no ha logrado conservar su escaño. Sturgeon ha asegurado que está dispuesta a hacer posible que Corbyn sea primer ministro aunque descartó una coalición formal. May amenazaba en la campaña con que la alternativa a su gobierno sería “una coalición del caos”.

Simbólicamente el primer resultado oficial fue el escaño de Newcastle Central, que retienen los laboristas con la candidata Chi Onwurah. Dedicó su victoria a Jo Cox, la diputada laborista asesinada justo antes del Brexit. También la izquierda que lidera Corbyn mantiene Houghton and Sunderland, otro de sus feudos.

May convocó a las urnas anticipadamente el 18 de abril cuando los sondeos le daban más de 20 puntos de ventaja. De haber esperado, las elecciones habrían sido en 2020. Pero confíaba con una mayoría aún más clara en Westminster, superior a los 331 escaños que logró Cameron en 2015. Perder la mayoría supone una derrota en toda regla que lleva el nombre y apellidos de Theresa May.

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Su sueño de ser primera ministra se cumplió gracias a una carambola histórica en julio de 2016. Ahora, una campaña electoral que parecía hecha a su medida se ha transformado en la peor de sus pesadillas. Lejos de Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, a quien le gusta emular, May asemeja una esfinge errática, la Dama de Hielo. Thatcher logró arrasar en 1983 con 144 escaños por encima de la mayoría. May quería repetir la hazaña, pero le ha pasado como a Jacques Chirac en 1997.

Contra pronóstico, su contrincante, el líder laborista, Jeremy Corbyn, se ha crecido día a día en la campaña. Logra superar  ampliamente los 232 escaños que tuvo Ed Miliband en 2015, lo que sería un éxito contundente. Corbyn es un outsider empotrado en un partido tradicional, el Partido Laborista británico. A sus 68 años, ha resucitado para sorpresa de muchos con el objetivo de acabar con siete años de austeridad y construir un Reino Unido “para muchos, no para unos pocos”.

Son casi 47 millones de británicos los que han tenido opción de decantarse sobre quién va a gestionar su seguridad de forma más adecuada ante el desafío yihadista, quién negociará mejor con Bruselas su salida de la Unión Europea, y quién les ofrece una mejor propuesta de reparto de la riqueza de la quinta economía del mundo.

En realidad, los británicos votan por sus representantes en 650 circunscripciones y ellos a su vez luego designan al primer ministro. La mayoría en Westminster la logra el partido que supere los 326 escaños. Los conservadores cuentan ahora con 331, una mayoría que en términos prácticos es de 12 escaños por la ausencia del Sinn Fein. A May no le sirve que su partido conservador sea el más votado porque apostaba por arrasar y ni siquiera lograría superar esos 326 escaños.

La participación se espera que se acerque, e incluso supere, el 66,2% de 2015, cuando el entonces primer ministro, David Cameron, ganó por mayoría absoluta, pese a que los pronósticos anticipaban un parlamento sin mayoría (hung parliament). Entonces la sorpresa fue que Cameron ganó claramente. Ahora May ha ganado por la mínima, una victoria insuficiente, que para la primera ministra sería una clara derrota.

El voto joven

En los últimos días se han registrado cientos de miles de jóvenes entre 18 y 34 años, el caladero de votos de los laboristas. Un 71% de los jóvenes apoya al partido de Jeremy Corbyn, según una encuesta de principios de mes de YouGov. Pero en 2015 menos de la mitad acude a las urnas. “Hay una diferencia generacional y local, por encima de una divergencia de clase”, explica Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano. La participación de los jóvenes sería clave en el excelente resultado de los laboristas que anticipa el primer sondeo.

La jornada electoral transcurrió con normalidad, al contrario que la campaña, que ha estado sacudida por el azote del terrorismo. Los partidos políticos tuvieron que suspender en dos ocasiones sus actos electorales debido a los atentados yihadistas de Manchester, el 23 de mayo, y Londres, el 3 de junio. Treinta personas, entre ellas el español Ignacio Echeverría perdieron la vida, en estos ataques. La convocatoria electoral se mantuvo en la fecha prevista.

A May los laboristas le recriminaron los recortes en la policía durante su etapa como ministra del Interior. Entre 2010 y 2016 se habrían perdido 20.000 puestos de trabajo. Corbyn ha prometido contratar más policías y le recriminó intentar ahorrar a costa de la seguridad de la población. Incluso llegó a pedir su dimisión, aunque luego se retractó y emplazó a los británicos a votar.

Después de un último día de campaña trepidante, May ha votado el jueves junto a su marido Philip en Maidenhead, Berkshire. Fue muy parca y se limitó a saludar a los reporteros. En sus últimos mítines, May insistió en la necesidad del mandato popular para que el Brexit fuera un éxito para el Reino Unido.

“Sólo podemos construir un país mejor y lograr un buen acuerdo con el apoyo del pueblo británico. Votaras a quién votaras en el pasado, si lo que quieres es el futuro, vota a los conservadores para seguir adelante”, fue su traca final.

Sólo podemos construir un país mejor y lograr un buen acuerdo con el apoyo del pueblo británico”, repite May

Pese a su insistencia en el Brexit, poco o nada ha aclarado sobre las condiciones y las consecuencias, tan sólo que prefiere que no haya acuerdo antes que un mal acuerdo. Lo cierto es que aún no se aprecian consecuencias negativas del Brexit, salvo ciertos apuntes como ese crecimiento del 0,2% del primer trimestre de 2017.

May ha llevado a cabo una campaña decepcionante, a juicio de la mayoría de los analistas. Ha presentado las elecciones como si fueran presidencialistas, una lucha cuerpo a cuerpo contra el líder laborista, Jeremy Corbyn, a quien ha infravalorado.

“Ha cometido varios errores y uno de ellos ha sido confiar demasiado en la debilidad de Corbyn. Y Corbyn ha sorprendido por hablar más en nombre de su partido y hacer una buena campaña, pase lo que pase luego en las urnas”, señala Berta Barber, investigadora en la Universidad Autónoma de Barcelona.

La primera ministra conservadora se presentaba como la líder “fuerte y estable” que el Reino Unido necesita para negociar el Brexit, pero ha sembrado la duda y el desconcierto. “Se me hace difícil ver a May liderando a los tories en unas nuevas elecciones. No estoy seguro de que el partido quiera asumir ese riesgo”, decía a Bloomberg el politólogo Tim Bale, de la Universidad Queen Mary de Londres.

Corbyn asegura que los laboristas han “cambiado el debate” y han hecho posible que “la gente vuelva a recobrar la esperanza”

El laborista, Jeremy Corbyn, votó en su circunscripción de Islington North y se declaró “orgulloso” de la campaña. Sobre el Brexit, Corbyn ha prometido respetar los derechos de los 3,5 millones de europeos residentes en el Reino Unido, y tratar de que los británicos en la UE también tengan las mismas condiciones que ahora. En su último mitin, dijo que los laboristas habían “cambiado el debate y habían conseguido que “la gente vuelva a recobrar la esperanza”.

Uno de los aciertos de Corbyn habría sido ir a las causas del Brexit. El programa de los laboristas, bajo el lema “para muchos, no para unos pocos”, quiere terminar con los siete años de austeridad con un plan ambicioso de inversiones encaminadas a paliar los efectos del empobrecimiento creciente. Corbyn acepta el Brexit, pero defiende que siempre es mejor un acuerdo que la ruptura. Curiosamente el partido que colocó en la agenda política el Brexit, el nacionalista UKIP, desaparecería de Westminster. Logró un 15% de votos en 2015, y los primeros análisis vaticinaban que el discurso de justicia social de Corbyn ha calado hondo en sus filas.

Pese al optimismo del legendario dirigente izquierdista, Martin M. Roberts, ex corresponsal de Reuters, ve que “el país está dividido y muy decepcionado” en el que se considera el Brexit como “un tema de índole nacional, cuando afecta a otros 27 países”. Es el Brexit lo que produjo un tsunami político hace un año, el 23 de junio, y ahora vuelve a marcar el rumbo del Reino Unido. Pero los británicos siguen sin saber qué es eso de “Brexit es Brexit” y cómo afectará a sus vidas realmente.

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